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El debate no se trata de ecologistas y antiecologistas, sino de sentido común y cuentas hechas con un lápiz bien afilado. Lo que funciona; lo que es eficiente; no necesita subsidios. Triunfa por su propio valor y siempre sale más barato. Lo saben todas las amas de casa…<br>
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Las energías llamadas renovables, como la eólica y la solar, sufren de una gran desventaja: son ENERGÍA DIFUSAS y la conversión de esa energía difusa en potencia utilizable es costosa y antieconómica. Por otro lado, los combustibles tradicionales como el petróleo, la madera, el carbón de piedra o hulla, o la misma turba, y también el uranio, son combustibles que disponen de una enorme cantidad de energía concentrada en poco volumen. La energía solar se ha conentrado en esos materiales durante miles o millones de años y se puede liberar en pocos minutos.<br>
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Para ver gráficamente este aspecto los científicos comparan la biomasa de un elefante y un billón de pulgas: es más o menos la misma. Si se quiere mover un tronco de 2 toneladas 1 metro en una dirección, ¿qué es mejor usar: un elefante o un billón de pulgas? El problema con las pulgas es que necesitaríamos un billón de arneses especiales, uno para cada pulga; entrenar las pulgas para que todas salten en la misma dirección y al mismo tiempo. El costo de los arneses y de los miles de entrenadores de pulgas hace la idea inviable. Se trata de una energía difusa, difícil de controlar. El elefante es energía concentrada que ha demostrado ser controlable y eficiente.<br>
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Ambas energías, la solar y la eólica tiene el enorme atractivo de que aparentemente son gratis y a disposición de todo el mundo. Por desgracia, en este mundo no existe lo que se llama “un almuerzo gratis.” Siempre hay que pagar; todo tiene un costo.<br>
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Y dice bien Diego Koss: “Todos sabemos que los precios disminuyen cuando existe una industria desarrollada, cuando la investigación avanza sin prisa, pero sin pausa. La única manera, lamentablemente para que esto suceda, es que sean ayudadas en un principio, para mover toda la mecánica que lleva a que en un futuro estos precios sean competitivos.” Mi opinión sobre este tema es que no ha tenido en cuenta el tiempo de desarrollo y mejora de la tecnología protegida y subvencionada. Ambas tecnologías han mejorado su eficiencia desde que comenzaron las subvenciones, pero el avance ha sido escaso y poco prometedor, por desgracia, porque, ¿a quién no le gustan las cosas gratis o muy baratas?<br>
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Sin embargo, los productos y procesos que usan los hombres deben competir en un mercado donde triunfan los que tienen una relación costo/beneficio favorable. Las leyes del mercado funcionan de manera invariable e infalible, por más que se pretenda vanamente intervenir para controlarlos. Si el control de los mercados fuese posible, qué fácil sería controlar la inflación, no? No habría crisis económicas, y todos tendrían trabajo y vivirían a cuerpo de rey. Pero el mundo no funciona así.<br>
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Los paneles solares llevan ya varias largas décadas de desarrollo y experimentación, fuertemente subsidiados, y el avance en eficiencia ha pasado de unos viejos 15 W/m2 de la década de los 60 a apenas 19 W/m2 de la década de los 90, a los actuales 22 W/m2 –para paneles estándar, claro. Los hay que aprovechan hasta un 40% de la energía incidente sobre 1 m2, pero el costo es tan elevado que por hoy es sólo el “sueño de una noche de verano.” Tienen sin duda su aplicación puntual y limitada, muy útil por cierto, pero jamás podrán aspirar a remplazar a las "energías concentradas", especialmente a la nuclear.<br>
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Lo mismo pasó con las turbinas de viento. Hay una creciente resistencia a la instalación de las granjas y parques eólicos en aquellos países donde se han convertido en una verdadera pesadilla para los habitantes de muchas regiones. No sólo han visto aumentar el precio de sus kW/h por los subsidios a las granjas eólicas sino que el paisaje de su región ha quedado irremediablemente arruinado.<br>
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En Argentina deberíamos tener en cuenta también la fracasada experiencia de las turbinas de viento de Pico Truncado para no repetir los errores. Cuando hay subvenciones a una actividad siempre aparece la fea cabeza de la corrupción. España ha sido un ejemplo claro, con granjas solares que facturaban energía producida durante la noche! O alcaldes y funcionarios en cárcel por los negociados relacionados con la adjudicación de permisos de instalación de parques eólicos.<br>
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Y ni hablemos de la pérdida de puestos de trabajos en el sector productivo tradicional causado por las subvenciones a las energías alternativas o renovables: se pierden de 2,4 a 5,6 puestos de trabajo tradicionales por cada puesto de trabajo “verde” creado por las energías renovables –o como algunos les dicen en España: “energías robobables”.<br>
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Ambas energías renovables son como un hijo con Síndrome de Down: lo amaremos profundamente, lo cuidaremos y trataremos de que salga adelante. Pero en el fondo sabemos perfectamente que jamás ganará una medalla en los Juegos Olímpicos.
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