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Impactos
ambientales y medidas de protección
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La madera es una materia prima regenerable que se obtiene fundamentalmente
de los bosques naturales. Las plantaciones forestales
todavía ocupan un lugar secundario en muchos países.
En el sistema dual de explotación de la madera, en el que intervienen
autoridades forestales estatales y concesionarios particulares,
con frecuencia se enfrentan intereses económicos y de política
forestal.
El mecanizado de la madera propiamente dicho comienza
en el aserradero con el descortezado –en caso de que éste no haya
sido realizado ya en el bosque-, el tronzado y el corte a medida
de la madera extraída del bosque. La madera aserrada se utiliza
directamente como material de construcción o se ennoblece
mediante el cepillado, fresado, lijado, pintado o impregnado.
Los aserraderos son fábricas en las que los rollizos de madera
se transforman en mercancía cortada (mecanizado primario).
El procesamiento mecánico de la madera conlleva la producción
de ruido y polvo. Asimismo, va seguido con frecuencia de un tratamiento
superficial con lacas, decapantes, etc., en el que se desprenden
sustancias gaseosas, de fuerte olor.
Los dispositivos mecánicos de transporte, corte, fresado, cepillado
y aspiración de polvo empleados en la industria de la madera producen
ruidos. Este hecho se acentúa cuando, a causa de las condiciones
climáticas, se construyen aserraderos abiertos.
Dado que los emplazamientos suelen estar ubicados en
función del lugar de procedencia de la materia prima, es decir,
alejados de los núcleos poblados, los trabajadores de la empresa
son, primeramente, los afectados por el ruido, por lo que debería
ser obligatorio el uso de protectores para el oído. En las instalaciones
y equipos nuevos debería atenderse a que las herramientas sean
lo más herméticas posible y reducir de este modo la emisión de
ruidos.
Otras repercusiones negativas sobre el operario de la máquina
provienen de las vibraciones. En la construcción de los
fundamentos y de las instalaciones debería prestarse atención
a la reducción de las mismas.
En el mecanizado de la madera se producen, además de ruidos,
emisiones de polvo. En el aserradero la madera se separa
con arranque de virutas. Al tratarse casi siempre de madera fresca
y de fibras saturadas, las emisiones de polvo en estos casos tienen
una importancia relativamente pequeña, haciendo innecesaria
la incorporación de filtros textiles o de desempolvadores húmedos.
En el caso de que las virutas de aserrado se almacenen al aire
libre, deberán adoptarse medidas de precaución frente al polvillo
volante.
La formación de polvo tiene gran relevancia en el mecanizado
de la madera en los talleres de carpintería, fábricas de muebles
y empresas afines. En estos lugares, la cantidad y calidad
del polvo son diferentes de las que se produce en los aserraderos.
Ante todo, es importante la finura del polvo, expresada
mediante el tamaño del granulado y su distribución. Los polvos
finos son, obviamente, más difíciles de eliminar que los gruesos
y representan una carga mayor para la salud de las personas,
en especial en el caso de las partículas que pueden penetrar en
los pulmones. La producción de polvo fino es superior en los procesos
de lijado que en los de mecanizado con arranque de virutas.
Mediante la inhalación de polvo de madera, en especial
el polvo de madera dura, se pueden absorber sustancias perjudiciales
para la salud y ocasionar graves enfermedades. Deberán
averiguarse previamente los riesgos específicos derivados para
la salud y adoptarse las correspondientes medidas de seguridad.
Para reducir las emisiones de polvo en los puestos de trabajo,
deberá dotarse a las máquinas de dispositivos de aspiración.
Esta medida se basa tanto en la prevención de la salud
para los empleados como en la protección frente a incendios
y explosiones. Deberán blindarse las máquinas y dimensionarse
los dispositivos de aspiración y de transporte de modo que se
consiga una succión del polvo suficiente. Si el equipo de aspiración
en el área de trabajo genera una fuerte presión negativa, deberá
garantizarse una compensación de la presión sin que por ello se
originen corrientes en el puesto de trabajo. Esto rige también
para los edificios industriales con construcciones parcialmente
abiertas.
Si en el mecanizado se liberan sustancias perjudiciales para
la salud, está prohibido retornar el aire expulsado
a las áreas de trabajo. En el caso de un retorno del aire expulsado,
no está permitido sobrepasar las concentraciones de polvo admisibles
en el puesto de trabajo. La conducción del polvo aspirado debe
realizarse a través de tubos incombustibles, resistentes a las
roturas y al desgaste. La construcción de los tubos de aspiración
y la medición de las velocidades de succión deben realizarse de
tal modo que no se produzcan sedimentaciones en puntos no deseados
del sistema.
Antes de evacuar el aire aspirado al exterior, hay que separar
el polvo. Esto se realiza mediante separadores centrífugos
o filtros textiles. En la aspiración de polvo de lijado es
necesaria la utilización de filtros textiles más complicados y
eficaces. Con el fin de prevenir incendios y explosiones, los
dispositivos de aspiración deben estar provistos de sistemas
de una protección preventiva, como válvulas de descarga de
la presión, discos de reventamiento, dispositivos de detección
de chispas, detectores de incendios sin llamas y equipos de extinción.
En el secado de la madera, las sustancias volátiles contenidas
en la misma ocasionan molestias por olores. Por ello, el
aire expulsado por las instalaciones de secado tiene que dirigirse
de modo que se eviten dichas molestias.
Como ya se ha mencionado anteriormente, las industrias mecanizadoras
de la madera se encuentran con frecuencia en lugares aislados,
por lo que los trabajadores de la misma son los principales afectados
por las emisiones gaseosas.
Mediante la elección oportuna del emplazamiento
(distancia, dirección principal de los vientos), es posible minimizar
estos efectos.
Por lo demás, las emisiones gaseosas de los aserraderos
sólo desempeñan un papel secundario.