Jack L. Mickle
Las zanjas son recintos confinados que se excavan, generalmente,
para enterrar conducciones de servicios o para ubicar cimientos.
Las zanjas, normalmente, tienen mayor profundidad que
anchura, considerando el ancho del fondo, y suelen tener una profundidad inferior a 6 metros; se denominan también excavaciones
superficiales (poco profundas). Un recinto confinado se
define como un espacio que tiene unas dimensiones suficientes
para que un obrero se introduzca en él y pueda realizar un
trabajo; tiene unos medios limitados para entrar en el mismo y
salir de él y no está proyectado para una ocupación continuada.
Deberán disponerse varias escaleras para que los obreros puedan
evacuar la zanja.
Lo normal es que las zanjas permanezcan abiertas por
espacio de unos minutos o unas horas. Las paredes de cualquier
zanja acabarán desmoronándose; es simplemente una cuestión
de tiempo. La estabilidad aparente a corto plazo constituye una
tentación para que el contratista haga entrar a los obreros en
una zanja peligrosa, con la esperanza de obtener un rápido
avance y una mejora económica. De resultas de ello pueden
sobrevenir muertes o lesiones serias y mutilaciones.
Además de estar expuestos a la posibilidad de derrumbamiento
de las paredes de las zanjas, los que trabajan dentro de las mismas pueden sufrir lesiones o morir a consecuencia de
inundaciones por agua o por residuos sanitarios, por la presencia
de gases peligrosos o por falta de oxígeno, por caídas, caídas de
materiales o herramientas, por entrar en contacto con cables
eléctricos cortados o por un salvamento inadecuado.
Como ejemplo, al menos un 2,5 % de las muertes por accidentes
laborales que se producen anualmente en EE.UU. son
achacables a desprendimientos de tierras. La edad media de los
trabajadores muertos en zanjas en EE.UU. es de 53 años.
A menudo, una persona joven resulta atrapada por un desprendimiento
de tierras y otros trabajadores intentan rescatarle. En
los intentos de rescate fallidos, la mayoría de los muertos corresponden
a los potenciales salvadores. En caso de derrumbe es
preciso llamar inmediatamente a equipos de urgencia adiestrados
en este tipo de rescates.
Es esencial la inspección rutinaria de las paredes de la zanja y
el uso de los sistemas de protección de los trabajadores. Las
inspecciones deben efectuarse diariamente antes de empezar los
trabajos y después de cualquier incidencia —tal como
tormentas, vibraciones o rotura de tuberías— que pueda incrementar
los riesgos. A continuación se incluyen descripciones de
las situaciones peligrosas y la manera de evitarlas.
Derrumbamiento de las paredes de la zanja
La causa más importante de las muertes relacionadas con los
trabajos en zanjas es el derrumbamiento de las paredes de las
mismas, que puede ocasionar el aplastamiento o la asfixia de los
trabajadores.
Las paredes de la zanja pueden resultar debilitadas a consecuencia
de actividades realizadas en el exterior, pero en las
inmediaciones de la misma. No deben colocarse cargas pesadas
en el borde de la zanja. No deben excavarse zanjas en la proximidad
de estructuras como edificios o líneas férreas, ya que la
excavación puede socavarlas y debilitar sus cimientos, causando
de este modo el hundimiento de las estructuras y de las paredes
de la zanja. En las fases de planificación conviene solicitar el
asesoramiento de un ingeniero o técnico competente. No se
debe permitir que los vehículos se aproximen demasiado a los
bordes de la zanja; a tal efecto, es aconsejable colocar topes horizontales
o banquetas de tierra.
- Tipos de terreno y entorno
La elección adecuada de un sistema de protección de los trabajadores
depende del terreno y de las condiciones del entorno. La
resistencia del terreno, la presencia de agua y las vibraciones
originadas por la maquinaria o por otras causas próximas, son
factores que afectan a la estabilidad de las zanjas. Los terrenos en
los que se ha practicado una excavación con anterioridad, nunca
recuperan su resistencia. La acumulación de agua en una zanja,
independientemente de su profundidad, es indicativa de la situación
más peligrosa.
Antes de la elección de un sistema adecuado para la protección
de los trabajadores, es preciso tener en cuenta la clase del
terreno y evaluar el escenario de la construcción. Un plan de
seguridad y salud adecuado de un proyecto debe dar respuesta a
las condiciones y riesgos singulares del mismo.
Los terrenos se pueden clasificar en dos grandes grupos: cohesivos
y granulosos. Los terrenos cohesivos contienen un mínimo
del 35 % de arcilla; si se amasan en forma de cilindros de
50 mm de longitud y 5 mm de diámetro y se suspenden de un extremo, no se rompen. Las paredes de las zanjas practicadas en
terrenos cohesivos se mantienen verticales durante cortos
períodos de tiempo. Estos terrenos son responsables de tantas
muertes por derrumbamiento como cualquier otro tipo de
terreno, ya que el terreno aparentemente es estable y, a menudo,
no se toman precauciones.
Los terrenos granulosos consisten en limos, arena, grava o
material de mayor tamaño. Estos tipos de terreno, cuando están
húmedos, ofrecen una cohesión aparente (a semejanza de los
castillos de arena); cuanto más finas son las partículas, mayor es
la cohesión aparente. Sin embargo, cuando se encuentran
sumergidos o están secos, los terrenos granulosos de tamaño más
grueso se desmoronan inmediatamente, hasta alcanzar unángulo de estabilidad, comprendido entre 30 y 45°, según la
forma redondeada o angular de sus partículas.
- Protección de los trabajadores
El ataluzado evita el desplome de las zanjas, al eliminar el peso (del
terreno) que puede dar origen a la falta de estabilidad de la zanja.
El ataluzado, incluyendo el banqueo (ataluzado hecho en varios
escalones) requiere que la zanja tenga una mayor anchura en su
parte superior. El ángulo del talud depende del terreno y de las
condiciones en que se encuentra, pero los taludes varían desde
0,75 horizontal: 1 vertical a 1,5 horizontal: 1 vertical. El talud de
1,5 de base por 1 de altura requiere un ensanchamiento de 1,5 m
por cada metro de profundidad, a ambos lados de su parte superior.
Incluso la menor inclinación de un talud resulta beneficiosa.
Sin embargo, los anchos que requieren los taludes impiden a
menudo su aplicación en las obras de construcción.
La entibación se puede usar en todos los casos. Una entibación
consiste en un montante a cada lado de la zanja con codales
entre ambos (véase la Figura 93.5). Las entibaciones contribuyen
a evitar el hundimiento de las paredes de la zanja, al empujar
hacia fuera contra las paredes de la misma. Las entibaciones
clareadas consisten en ,montantes y arriostramientos transversales,
con el terreno formando arco entre ellos; se usan en
terrenos arcillosos, que son los que presentan una mayor cohesión.
Los montantes no deben distar más de 2 m entre sí. Se
pueden alcanzar mayores separaciones entre los arriostramientos
mediante el empleo de largueros horizontales que
mantengan los montantes en su sitio (véase la Figura 93.6).
La entibación tupida se emplea en terrenos granulosos y de escasa
cohesión; las paredes de la zanja se protegen totalmente con tableros (véase la Figura 93.7). Los tableros pueden ser de
madera, metálicos o de fibra de vidrio; son corrientes los paneles
de acero. La entibación estanca se emplea cuando se encuentran
minas o filtraciones de agua. El empanelado estanco impide que
el agua erosione y arrastre las partículas del terreno al interior
de la zanja. Un sistema de entibación siempre ha de mantenerse
bien apretado contra el terreno para evitar los derrumbamientos.
Los codales pueden ser de madera o roscados; pueden
ser gatos hidráulicos o neumáticos. Los largueros pueden ser de
madera o metálicos.
Figura 93.5
• Las entibaciones consisten en montantes
a ambos lados de la zanja, sujetos por
codales.
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Figura 93.6
• Los largueros mantienen verticales los
montantes, permitiendo un mayor
espaciamiento de los codales.
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Figura 93.7
• Entibación con tablones y codales en
terreno granuloso.
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Los escudos o cajas de excavación de zanjas son elementos de
protección individual de gran tamaño; no impiden el derrumbamiento
de las paredes de la zanja, pero protegen a los trabajadores
que se encuentran en su interior. Los escudos
suelen fabricarse de acero o aluminio y su tamaño oscila comúnmente
entre 1 a 3 m de altura y 2 a 7 m de longitud; existen
muchos otros tamaños. Los escudos deben superponerse (véase
la Figura 93.8). Deben existir sistemas de protección in situ para
contrarrestar los movimientos peligrosos de los escudos en caso
de que una pared de la zanja se derrumbe. Uno de
estos sistemas consiste en efectuar el relleno a ambos lados del
escudo.
Existen en el mercado nuevos productos que combinan las
propiedades de una entibación y un escudo; algunos de ellos se
utilizan en terrenos de alta peligrosidad. Estas unidades
mixtas de entibación-escudo se pueden usar como escudos estáticos
o a modo de entibación, transmitiendo empujes contra
las paredes de la zanja por vía mecánica o hidráulica. Las
unidades de menor tamaño son especialmente útiles cuando se
reparan roturas de tuberías de servicios en las calles de una
ciudad. Las más voluminosas, formadas por escudos y paneles,
se pueden hincar en el terreno por medios mecánicos o hidráulicos.
A continuación se excava el terreno en el interior del
escudo.
Anegamientos
Para evitar la inundación de una zanja por aguas corrientes o del
alcantarillado se recomiendan varias medidas. En primer lugar,
ponerse en contacto con las compañías de servicios para saber
dónde se encuentran las tuberías de agua (o de cualquier otro
fluido). En segundo lugar, hay que cerrar las válvulas de alimentación
de agua a las tuberías que discurren por la zanja. Hay que
evitar hundimientos que puedan causar la rotura de tuberías maestras de agua o canalización. Todas las tuberías, así como el
resto de equipos deben sustentarse firmemente.
Gases y humos letales y falta de oxígeno
Las atmósferas dañinas pueden causar la muerte o lesiones de los
trabajadores a causa de: falta de oxígeno, incendio, explosión o
exposición a gases tóxicos. Siempre que existan o que se sospeche
que puedan existir condiciones anormales, es preciso realizar
pruebas de la atmósfera de las zanjas. Esto es especialmente
válido en las inmediaciones de basuras enterradas, en cámaras
subterráneas, en depósitos de combustibles, pozos de registro,
ciénagas, plantas de procesos químicos y otras instalaciones que
puedan despedir humos o gases tóxicos o que consuman el
oxígeno del aire. Deben separarse unos de otros los tubos de
escape de la maquinaria de construcción.
La calidad del aire se puede determinar mediante instrumentos
desde el exterior de la zanja. Ello se puede lograr
haciendo descender un contador o su sonda dentro de la zanja.
Los ensayos para determinar la calidad del aire en las zanjas
deben efectuarse en el siguiente orden: En primer lugar,
el oxígeno debe estar comprendido entre el 19,5 y el 23,5 %.
En segundo lugar, la inflamabilidad o explosividad no debe
superar el 10 % de los límites inferiores inflamables o explosivos (LFL o LEL). En tercer lugar, los niveles de las sustancias potencialmente
tóxicas, como el ácido sulfhídrico, deben compararse
con la información publicada al respecto. (En Estados
Unidos, el Manual de bolsillo de riesgos químicos, del National
Institute for Occupational Safety and Health, es una fuente de
información que ilustra los límites de exposición permisibles
(PEL). Si la atmósfera es normal, los trabajadores pueden entrar
en el recinto. Una atmósfera anormal puede ser corregida
mediante ventilación, pero no se puede interrumpir su seguimiento
y control. Para acceder a colectores de desagüe y
recintos similares en los que el aire cambia constantemente
se requiere (o debería requerirse) un permiso. Los procedimientos
de esta índole exigen un equipamiento completo y un
conjunto de 3 personas: un supervisor, un ayudante y una
persona que entre.
Caídas y otros riesgos
Las caídas en las zanjas desde el exterior y en su interior pueden
evitarse dotándolas de medios seguros y profusos para entrar y
salir de ellas; pasarelas o puentes seguros, por las que los trabajadores
y el equipo puedan o deban cruzar por encima de las
zanjas; vallas adecuadas para evitar que otros trabajadores, los
mirones o la maquinaria se aproximen a la zanja.
Las caídas de materiales o herramientas pueden causar
la muerte o lesiones por golpes en la cabeza y en el cuerpo, por
aplastamiento o por asfixia. Los productos de la excavación
deben apilarse al menos a 0,6 m del borde de una zanja;
se debe colocar una barrera que impida que el terreno y las
piedras puedan rodar dentro de la zanja. Hay que evitar que los
demás materiales, como tuberías, caigan o rueden dentro de la
zanja. No se debe permitir que haya personas trabajando bajo
cargas suspendidas o manipuladas por la maquinaria de
excavación.
Antes de comenzar la excavación hay que señalizar la situación
de todos los conductos, para evitar electrocuciones o graves
quemaduras producidas por el contacto con líneas eléctricas. No
se puede permitir que las plumas de la maquinaria trabajen
cerca de tendidos eléctricos; si es necesario, estas líneas deben
ser enterradas o retiradas.
A menudo, una muerte o una lesión grave en una zanja puede
ser el corolario de un intento de rescate mal concebido. La
víctima y los que tratan de rescatarla pueden encontrarse atrapados
o resultar abatidos por gases o humos letales o verse
faltos de oxígeno; resultar ahogados; también pueden sufrir
mutilaciones por la maquinaria o cuerdas empleadas en el
rescate. Estas tragedias añadidas pueden evitarse siguiendo un
plan de seguridad e higiene. El equipo, como los contadores
de comprobación de la calidad del aire, bombas de agotamiento
y ventiladores, debe estar en buen estado de mantenimiento,
montado adecuadamente y disponible en el lugar de trabajo.
La dirección debe instruir a los trabajadores en torno a las prácticas
de seguridad en el trabajo, a la par que exigirles que las
respeten y que utilicen todo el equipo de protección individual
necesario.
Fuente: www.cdc.gov/eLCOSH