Como en todas las intoxicaciones por gases la prevalencia tiene
unos niveles bajos (alrededor de un 3% del total de las intoxicaciones
graves y el 9% del total de las intoxicaciones no medicamentosas.
Es un potente agente oxidante que destruye con rapidez y de forma
amplia los tejidos con los que se pone en contacto al formarse
ácido clorhídrico. Esta propiedad se ve incrementada
por su gran hidrosolubilidad
Dado su acción lesiva directa, este aspecto carece de
interés clínico
Concentraciones en el aire entre 3-6 ppm determinan un síndrome
irritativo de las mucosas.
Con una concentración ambiental de 3-6 ppm se produce
un síndrome irritativo: lagrimeo, escozor en los ojos y
nariz, odinofagia, tos irritativa, opresión en tórax,
hemoptisis, cefaleas, y sensación de falta de aire. En
exposiciones prolongadas tiene efecto corrosivo sobre los dientes.
En intoxicaciones graves: sibilancias y edema pulmonar tras un
período de latencia de horas, con insuficiencia respiratoria
aguda grave.
Aparición de un síndrome irritativo respiratorio
tras exposición a vapores por manipulación y mezcla
de cáusticos. Muchos de los efectos quedan limitados a
la región nasofaríngea, donde el gas o los vapores
liberados son absorbidos y fijados por la humedad de las mucosas.
Viene determinada por el desarrollo de edema pulmonar, horas
después de la exposición. Hipoxemia en la gasometría
arterial con necesidad de ventilación mecánica
Es inespecífico (ver medidas generales de tratamiento
de la intoxicación por gases irritantes). Recientemente
se ha señalado la utilidad de la administración
de bicarbonato sódico en nebulización para evitar
el daño pulmonar (evaluado por el desarrollo de edema pulmonar
y necesidad de ventilación mecánica). Así
se reducen las estancias y el número de hospitalizaciones.