La tabla siguiente presenta los tipos de emisión que
pueden producirse en las distintas fases de proceso:
Emisiones potenciales de las centrales térmicas
Fases de proceso
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Tipo de emisión
|
Almacenamiento y preparación del combustible
|
Combustión y generación de vapor
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Depuración del gas de combustión
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Generación de corriente eléctrica
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Instalaciones de enfriamiento
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Tratamiento de materias residuales
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Polvo
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Gases contaminantes
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Agua residual
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Materia residual sólida
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Calor residual
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Ruido
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Contaminantes de aguas subterráneas
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Como se deduce de la tabla, las centrales térmicas pueden influir sobre
los medios aire, agua y suelo, así como sobre el ser
humano, los animales, las plantas y el paisaje.
La disposición final de residuos originados, por ejemplo, en
centrales de petróleo y de carbón, se trata en el apartado correspondiente
Los efectos ambientales de una central térmica provienen del
proceso de combustión, así como de las emisiones de polvo y gases
contaminantes. En general los efectos ambientales -por ejemplo,
emisiones contaminantes, ocupación de espacio por la central y volumen
de residuos - aumentan en el orden siguiente: gas, fuel oil
ligero, fuel oil pesado y combustión de carbón.
Antes de explicar el impacto ambiental de los respectivos combustibles
y las posibles medidas de protección, se harán algunas observaciones
básicas. La parte principal de este capítulo informa sobre
los efectos ambientales y las medidas de protección; los
anexos, por su parte, proveen información detallada relacionada
especialmente con medidas técnicas.
Dentro los efectos ambientales causados por el funcionamiento
de una central térmica se distingue en algunos países entre emisión,
-es decir, expulsión al medio ambiente de contaminantes desde
diversas partes de la instalación, sobre todo la chimenea- e inmisión,
o incidencia de los contaminantes en el medio ambiente,
que generalmente se mide a nivel del suelo. Las designaciones inglesas
ground level concentration y ambient air quality concentration
son en este caso más expresivas que la palabra inmisión. Emisión
e inmisión se condicionan mutuamente a través de distintos factores,
como lo son las características técnicas de la instalación (altura
de la emisión, velocidad de salida del gas de escape, temperatura),
las condiciones meteorológicas (situación del tiempo, velocidad
del viento) y la distancia (entre el emisor y el punto de medición
de la inmisión). Al construir centrales térmicas nuevas, aún
pueden variarse los parámetros de la primera y última categoría
(por ejemplo, altura de chimenea y distancia a la zona habitada).
En las instalaciones antiguas, en cambio, sólo se pueden variar
los de la primera categoría citada. Según la ley de conservación
de la masa, casi todos los contaminantes emitidos (a excepción del CO2)
acaban por caer otra vez a la superficie de la tierra, aunque su área
de dispersión aumenta en función de la altura de la chimenea, la velocidad
de salida del gas y la intensidad del viento. Sobre todo el aumento
de la altura de la chimenea es una medida técnica relativamente
sencilla para reducir la inmisión en una zona considerada.
Sin embargo, como la emisión se distribuye entonces sobre
una superficie mayor, hay que comprobar hasta qué punto
esta medida aumenta de forma inadmisible los efectos ambientales
fuera de la zona considerada.
Las medidas destinadas a reducir los efectos ambientales de una
central térmica pueden agruparse en las siguientes categorías:
Cambio de las condiciones básicas
Medidas de protección no técnicas
Medidas de protección técnicas
La escala de prioridades en la aplicación de medidas de protección
se define en función del principio de evitar o reducir las emisiones
antes de recurrir a tratamientos secundarios; es decir, deben tomarse
todas las medidas primarias factibles para evitar o minimizar
la expulsión de contaminantes antes de recurrir a tratamientos complementarios.
Es importante en este contexto lograr un alto grado de eficiencia
en las centrales a fin de reducir las emisiones, por ejemplo,
mediante la construcción de centrales combinadas o mediante el
suministro simultáneo de electricidad y calor.
El aumento de la eficiencia es también la medida más importante
para reducir las emisiones de CO2, lo cual es importante
para disminuir el efecto invernadero.
Dentro del impacto ambiental hay que distinguir entre efectos
directos, producidos por las emisiones contaminantes en sí, y efectos
indirectos, como los que se producen al transferir la contaminación
atmosférica primaria a las aguas (evacuación de aguas residuales
no tratadas procedentes del lavado de gases), al explotar piedra caliza
para la desulfuración y al transportar la piedra caliza desde el lugar
de explotación hasta la central térmica (gases de escape de los camiones).
Además pueden surgir otros problemas asociados, como la necesidad
de eliminar el yeso producido al desulfurar el gas de
combustión.
A continuación se explican los efectos ambientales y posibles
medidas de protección para los ámbitos antes discutidos.
En el caso de una central térmica el aire recibe la mayor parte de
la contaminación directa, en forma de emisiones de polvo y gases
contaminantes.
Posteriormente, el polvo emitido y la mayor parte de los
gases contaminantes y productos de transformación atmosféricos (por
ejemplo, NO2 y nitratos procedentes de las emisiones de NO) vuelven
a la tierra a través de precipitaciones y deposición seca;
ello constituye una carga contaminante para el agua y el suelo que
puede perjudicar a la vegetación y a la fauna.
Dependiendo del combustible utilizado en la central (clase,
composición, poder calorífico) y de la técnica de combustión
(por ejemplo en seco o en fusión), los gases de escape pueden llevar
diferentes cantidades de contaminantes (polvo, metales pesados,
SOx, NOx, CO, CO2, HCl, HF, compuestos
orgánicos). En la siguiente tabla se resumen los posibles niveles de
emisión con distintos combustibles, sin medidas de depuración del humo.
Concentraciones de contaminantes masivos en el humo sin tratar
|
Clases de emisión
|
Gas natural
|
Fuel oil ligero
|
Fuel oil pesado
|
Hulla
|
Lignito
|
|
Oxidos de azufre (Sox)
mg/m³ (c.n.)*
|
20-50
|
300-2.000
|
1.000-10.000
|
500-800
|
500-18.000
|
|
Oxidos de nitrógeno (Nox)
mg/m³ (c.n.)
|
100-1.000
|
200-1.000
|
400-1.200
|
600-2.000
|
300-800
|
|
Polvo
mg/m³ (c.n.)
|
0-30
|
30-100
|
50-1.000
|
3.000-40.000
|
3.000-50.000
|
c.n. = en condiciones normales
Las gamas de valores indicadas en la tabla 2 se obtienen, en
el caso de los óxidos de azufre, de las distintas concentraciones
de azufre en los combustibles utilizados, que en muchos países suelen
ser combustibles nacionales como el lignito, de bajo
poder calorífico y alto contenido en azufre. La combinación
de un gran potencial contaminante y de un bajo poder calorífico
da lugar a concentraciones relativamente altas de SOx
en el gas sin tratar.
Sólo una pequeña parte de las concentraciones de NOx
proviene del nitrógeno contenido en el combustible (NOx
de combustible); la mayor parte proviene de la oxidación del
nitrógeno atmosférico a temperaturas de combustión superiores
a 1.200°C (NOx térmico). Es decir, la combustión a
temperaturas altas produce emisiones de NOx relativamente
importantes. La adopción de medidas primarias destinadas a optimizar
la combustión -que pueden ser integradas en una instalación nueva
a un costo relativamente bajo- permiten conseguir los valores
inferiores de la gama citados en la tabla. Sin embargo, hay que evitar
que las medidas primarias destinadas a reducir el NOx
aumenten en forma desproporcionada otras emisiones, tales
como el monóxido de carbono y los hidrocarburos sin quemar.
La limitación del CO se realiza generalmente con el fin de lograr
que la combustión sea completa, reduciendo así las emisiones de este
gas y la expulsión de hidrocarburos sin quemar. A diferencia del polvo,
SO2, NOx y los compuestos halogenados, el CO y
los hidrocarburos sin quemar son casi imposibles de retener en las
instalaciones depuradoras. Los hidrocarburos sin quemar, especialmente,
están formados por un gran número de sustancias químicas, algunas
de ellas altamente tóxicas, como el benzopireno.
En la combustión de carbón y de fuel oil pesado se emiten
también pequeñas cantidades de cloruro y fluoruro de hidrógeno
(HCl y HF), en concentraciones de 50-300 mg/m³ (en condiciones
normales [c.n.]). Estas concentraciones son generalmente muy
inferiores a las de SO2 y son reducidas conjuntamente
con éstas -incluso en mayor grado que el S2- en el proceso de desulfuración.
Para la reducción de las emisiones atmosféricas de centrales térmicas
se dispone de un gran número de medidas primarias y secundariasA
continuación se describen brevemente las diversas medidas empleadas
para reducir las emisiones.
En las centrales eléctricas la eliminación de polvo puede realizarse
mediante ciclones sencillos, ciclones múltiples, precipitadores electrostáticos
y filtros textiles. La técnica a utilizar depende del grado de
separación requerido, pudiéndose alcanzar valores del 60% - 70%
en los ciclones y de más del 99% en los precipitadores electrostáticos
y filtros textiles. El costo de estas tecnologías aumenta
desproporcionadamente a mayor grado de despolvoración. En los precipitadores
electrostáticos el grado de separación mejora con el número
de campos conectados sucesivamente. Con estos filtros y con los
filtros textiles se obtienen emisiones residuales menores de 50 y
30 mg/m³ (en condiciones normales [c.n.]), respectivamente. Un
inconveniente de los ciclones es que separan principalmente las
fracciones de polvo grueso, dejando fracciones respirables
de polvo fino, toxicológicamente críticas. Los filtros
textiles son muy útiles para la separación de polvos finos
con contenido en metales pesados. Los gastos de inversión
para la eliminación de polvo en los gases de combustión dependen
de diversos factores, tales como el tipo de combustible y el
grado de purificación necesario, así como de la técnica
utilizada. En el caso de combustibles con alto contenido en cenizas,
la eliminación del polvo de los gases de combustión suele presentar
problemas. Como problema posterior surge la gestión de
las masas de polvo volátil separadas, que han de aprovecharse,
por ejemplo, en la industria de materiales de construcción, o ser llevadas
a disposición final. Dependiendo de la naturaleza del polvo volátil,
pueden requerirse materiales suplementarios para compactar
el producto depositado, a fin de evitar una posible contaminación
de las aguas subterráneas con productos de lixiviación.
Para la reducción de las emisiones de SOx procedentes
de las centrales térmicas pueden adoptarse medidas primarias
(uso de combustibles pobres en azufre, desulfuración directa en la cámara
de combustión, inyección de aditivos secos), o medidas secundarias,
como eliminación del SOx del gas de combustión.
Los combustibles pobres en azufre en muchos casos no se utilizan
por motivos económicos. En cada caso debe examinarse qué
concepción técnica genera los gastos generales más bajos.
Por ejemplo, aunque el uso de un combustible pobre en azufre aumenta
los gastos de explotación, también reduce los gastos de inversión
y explotación requeridos para la desulfuración, y con ello los gastos
totales de la central térmica en cuestión. Junto a estas reflexiones
hay que considerar también otros factores, como la conveniencia
de usar combustibles localmente disponibles para asegurar el suministro.
Los derivados del petróleo con contenido en azufre se prestan,
al igual que los combustibles sólidos, a la aplicación de medidas
primarias y secundarias. Las medidas primarias permiten eliminar
el azufre del combustible (por ejemplo del gasóleo de vacío o de
aceites residuales obtenidos por destilación atmosférica o al vacío).
La desulfuración de estos productos se realiza generalmente mediante
hidrogenación. Sin embargo, este procedimiento sólo resulta
económico en gran escala, por lo que se reserva a las refinerías
de petróleo. En la central térmica, aparte de elegir un
producto petrolífero pobre en azufre y de mezclar distintos combustibles,
se pueden reducir las emisiones de SOx mediante la
desulfuración de humos.
En el caso del carbón, dadas las grandes variaciones de composición
que se observan incluso en los yacimientos de un mismo país,
resulta conveniente mezclar y/o homogeneizar los combustibles disponibles,
evitando así la presencia ocasional de altas concentraciones
de azufre cuya eliminación habría de preverse en el sistema de desulfuración.
Dado lo anterior, será importante llevar a cabo un análisis cuidadoso
del combustible (procedente, por ejemplo, de distintos yacimientos)
para conocer su poder calorífico y su contenido en agua, cenizas y azufre.
También debe considerarse el potencial de autodesulfuración que
ofrecen los compuestos cálcicos presentes en el carbón.
En algunos casos, el azufre del carbón puede eliminarse de antemano,
junto con otros componenetes inertes, durante la concentración
del mineral en la mina subterránea o explotación a cielo abierto, siendo
preferibles en este caso los procedimientos en húmedo. De esta
manera, dependiendo del tipo de carbón y de la forma de enlazamiento
químico del azufre, se puede reducir la concentración de azufre
en un 5 hasta un 80 %, sobre todo si se trata de hulla. Mientras
que el azufre enlazado orgánicamente no se puede extraer con
procesos mecánicos de concentración, el azufre sulfuroso (generalmente
en forma de pirita FeS2) sí se puede separar si se encuentra
libre en el carbón crudo, o si los entrecrecimientos son de grano
grueso y pueden ser separados por trituración.
La desulfuración directa en el hogar se aplica a los combustibles
sólidos mediante su combustión en lecho fluidizado, consiguiéndose
grados de desulfuración del 80 hasta el 90 %. La inyección de aditivos
secos durante la combustión permite un grado de desulfuración de
entre 60 y 80 %.
En la desulfuración de los gases de combustión se alcanzan rendimientos
de separación del SO2 de 90 - 95 %. Dado que las instalaciones
de desulfuración de gases de combustión originan gastos de inversión
y explotación relativamente elevados, en casos aislados puede
ser conveniente llevar a cabo una desulfuración en flujo parcial;
en este caso, sólo una parte de los gases pasa por la instalación
de desulfuración mientras que los gases sin desulfurar se
usan para calentar los gases depurados.
Las instalaciones de desulfuración de los gases de combustión
son, de las posibilidades descritas, las más gravosas, tanto
por los costos como por el tamaño de la construcción. En cada caso
particular hay que ver cómo se pueden integrar estas instalaciones
en el espacio disponible, sobre todo en el caso de centrales
existentes.
Si se comparan entre sí las medidas primarias y secundarias descritas
para la desulfuración, las primeras presentan los grados de desulfuración
menores, pero son, en cambio, más económicas y por regla
general se pueden adaptar posteriormente a instalaciones existentes.
Ese no es el caso del sistema de combustión en lecho fluidizado,
que sólo es realizable en instalaciones nuevas (la capacidad
máxima de las instalaciones a gran escala construidas hasta ahora es
de 150 MWel).
En todos los procedimientos de desulfuración se da, lo mismo
que en la eliminación del polvo, el problema posterior de la
utilización o disposición final de los residuos y, en
su caso, del agua residual producida durante la explotación de
la instalación (véase el apartado 2.3).
Para la desulfuración, los gastos de inversión se mantienen,
dependiendo del tamaño de la instalación, tipo de procedimiento, rendimiento
de separación, etc., dentro de un margen relativamente amplio.
Los costos más bajos se originan en el uso de aditivos secos
y los más altos en el procedimiento regenerativo con obtención
de compuestos de azufre.
Los diferentes procedimientos de desulfuración separan también
compuestos halogenados como HCl y HF, lográndose un grado
de eliminación incluso mayor que el de los compuestos sulfurados.
Para la desnitrogenación se aplican medidas primarias y secundarias.
Como en el caso del azufre, la elección del combustible influye sobre
las emisiones nitrogenadas. Sin embargo, la separación de NOx
es más complicada que la transformación del azufre del combustible en
SO2. Las medidas primarias sirven para reducir
la velocidad de formación del NOx durante el proceso de
combustión. El objetivo esencial en este caso es disminuir la
temperatura máxima de llama. Para tal fin se pueden adoptar tanto
medidas constructivas, por ejemplo, diseño de la cámara de combustión,
disposición y estructura de los mecheros, graduación del aire, reducción
del exceso de aire, como también medidas operativas, por ejemplo,
disminución de la temperatura de precalentamiento del aire o uso de
combustibles pobres en nitrógeno.
Las medidas secundarias se ocupan de la disminución de las
emisiones de NOx en el gas de combustión. Para ello se
han creado diversos procedimientos que permiten una eliminación
exclusiva de NOx o una separación conjunta de SOx
y NOx.
El único procedimiento que hasta hoy se ha impuesto en instalaciones
a gran escala es la reducción catalítica selectiva de NOx
(procedimiento SCR). Para la reducción se utiliza amoníaco,
que reacciona con el NOx en presencia del catalizador para
formar agua y nitrógeno. Por ello este procedimiento no produce residuos
sujetos a disposición final como ocurre en el caso de la eliminación
de polvo o la desulfuración. El procedimiento SCR requiere unos
300 - 400°C y puede efectuarse, de acuerdo con las condiciones
locales, en la parte del gas crudo, por ejemplo, delante del
precalentador de aire, o bien en la parte del gas purificado, después
de la instalación de desulfuración.
Con procedimientos SCR se alcanzan grados de separación del
NOx de 80 – 90 %, aproximadamente.
Otro concepto, particularmente adecuado para grados de separación
bajos de hasta cerca del 60%, lo constituye el procedimiento
SNCR (reducción selectiva no catalítica). En este procedimiento
la reducción de NOx se realiza inyectando amoníaco en la
instalación a una temperatura de unos 1.000°C.
Algunos de los llamados oligogases antropógenos como el dióxido
de carbono (CO2), metano (CH4), clorofluorocarbonos
(CFC), ozono troposférico (O3) y dióxido de
nitrógeno (N2O) revisten una gran importancia para el
llamado efecto invernadero (calentamiento de la atmósfera terrestre
a largo plazo). El orden de mención corresponde también a la importancia
de estos gases, cuya contribución específica al efecto invernadero
varía considerablemente. Así, por ejemplo, aunque el metano
tiene un efecto unas 21 veces mayor que el CO2, su producción
total es bastante menor a escala mundial, ya que el CO2
se genera como producto final de cualquier quemado de combustibles que
contengan carbono.
Las medidas de protección contra la emisión de CO2
consisten, en primer lugar, en utilizar centrales térmicas altamente
eficientes; por ejemplo, las de proceso combinado y las que suministran
simultáneamente energía y calor.
Otras medidas, como la reducción del consumo de corriente eléctrica
y el uso de soportes energéticos renovables (especialmente energía
hidráulica) para la producción de electricidad tienen igualmente gran
importancia, pero en ningún caso permiten prescindir de la producción
de electricidad en centrales térmicas a partir de combustibles fósiles.
Además de las emisiones hasta ahora discutidas, procedentes
ante todo de la chimenea, la central térmica emite contaminantes
desde otros puntos. El almacenamiento, transporte y preparación
del combustible, por ejemplo, dan lugar a emisiones importantes
de polvo, las cuales se pueden reducir muy significativamente
con medidas adecuadas, por ejemplo mediante humedecimiento con
agua o confinamiento/encapsulamiento de zonas críticas. Algo
parecido ocurre en el almacenamiento y transporte de derivados del
petróleo, donde la instalación de dispositivos apropiados en
el tanque y en los equipos de bombeo permite reducir al
mínimo las fugas por evaporación o captarlas y devolverlas al
sistema.
Las centrales térmicas necesitan agua principalmente para fines
de enfriamiento. Generalmente, después de ser utilizada para la
absorción de calor (aumento de temperatura de unos 4 a 8 °C)
esta agua se devuelve al lugar de toma. En las centrales con
enfriamiento continuo la demanda de agua asciende a unos 160 - 220
m³/hora y MWel (con pérdidas de agua generalmente inferiores al
2 %). En la generación de electricidad sin aprovechamiento del calor
el agua de refrigeración absorbe entre el 60 y el 80 % de la energía
aportada por el combustible, en forma de calor residual.
Esta proporción disminuye al utilizar centrales más eficientes,
por ejemplo, con uso combinado de electricidad y calor. Dependiendo
de las condiciones locales, el calor residual puede producir
una carga térmica de las aguas superficiales (por ejemplo, aumento
de temperatura de un río), cuya magnitud depende de la conducción
y el caudal del curso receptor. En los países tropicales, las
aguas están sometidas a lo largo del año a variaciones muy
notables, y el aumento de temperatura produce rápidamente una escasez
de oxígeno, causada en parte por el estímulo del metabolismo
de los seres vivientes y en parte por la menor disolución de
oxígeno en el agua más caliente. Esta escasez de oxígeno
puede provocar serios problemas para los organismos acuáticos.
Para evitar el calentamiento excesivo de las aguas, el agua
de refrigeración se puede enfriar en una torre de refrigeración
(de paso o recirculación), antes de devolverla al río. Sin embargo,
dependiendo de las condiciones climáticas, este sistema de
refrigeración puede causar grandes pérdidas de agua por evaporación,
que se emiten a la atmósfera en forma de vapor. Esto se podría evitar
utilizando circuitos de refrigeración cerrados en combinación
con torres de refrigeración en seco, o al menos minimizar mediante
torres de refrigeración híbridas. Las torres de tiro
natural requieren inversiones relativamente altas, pero en cambio
ahorran costos de explotación, mientras que las torres de tiro forzado
tienen el inconveniente de necesitar para el funcionamiento energía
eléctrica, en cuya obtención se producen cargas ecológicas adicionales.
Aparte del agua de refrigeración sólo se requieren pequeñas
cantidades de agua (aprox. 0,1-0,3 m³/h y MWel) para sustituir
las pérdidas del circuito de vapor, enfriar las cenizas y depurar
el gas de combustión (depuración en solución absorbente pulverizada
o procesamiento en húmedo).
Las aguas residuales de centrales térmicas, sobre todo de las
que usan carbón como combustible, pueden contaminar las aguas
superficiales.
Las centrales térmicas pueden producir los siguientes tipos de aguas
residuales:
Estas aguas residuales, producidas en cantidades muy variables según
el tipo de combustible y las condiciones específicas de la instalación
(10 - 100 l/h y MWel), pueden estar contaminadas con materiales en suspensión,
sales, metales pesados, ácidos, álcalis, amoníaco o aceite.
El tratamiento de las aguas residuales puede realizarse con
procedimientos físicos, químicos y térmicos. Para una parte
de las aguas residuales -procedentes, por ejemplo, del lavado
de filtros y del rociado de carbón almacenado- suele bastar un tratamiento
físico (filtración, sedimentación, aireación). Otras, en cambio,
requieren un tratamiento químico (por ejemplo, floculación, precipitación,
neutralización) y/o térmico (evaporación, desecación). Estas
últimas incluyen las aguas residuales especiales, las procedentes
de la regeneración o tratamiento de aguas complementarias y condensados
y las que han sido utilizadas en la depuración de gases de combustión.
Como ya se indicó, algunos métodos de desulfuración generan
aguas residuales contaminadas, provenientes del lavado del
gas de combustión. La composición de estas aguas residuales depende
de diferentes factores, tales como el combustible utilizado, las características
del agua de proceso y la calidad de los aditivos.
El agua residual procedente de la depuración del gas de combustión
ha de someterse generalmente a un tratamiento combinado químico y
físico (neutralización, floculación, sedimentación y filtración),
destinado ante todo a precipitar los metales pesados y a separar
los sólidos en suspensión tales como el yeso.
En el método de desulfuración en húmedo con producción de yeso
aprovechable, la cantidad de agua residual depende principalmente
del contenido de cloruros en el carbón y de la concentración
admisible de cloruros en el líquido de lavado. En las centrales
de hulla, la cantidad de agua residual procedente del equipo
de desulfuración de humos oscila entre 20 y 50 l/h y MWel.
El cloruro cálcico (CaCl2) contenido en el agua residual no se puede
separar debido a su gran solubilidad, por lo que constituye una emisión
salina.
En caso de estar prohibida la evacuación de cargas salinas a
las aguas, el agua residual del equipo de desulfuración de humos
podrá depurarse por evaporación. Las sales secas provenientes
de este proceso son altamente solubles, por lo que han de someterse
a una disposición racional (por ejemplo, en depósitos de residuos
especiales subterráneos). Puesto que la evaporación del agua residual
supone, entre otras cosas, un elevado consumo de energía, debe
comprobarse en estos casos si pueden aplicarse procedimientos que
no generen agua residual (procesamiento en seco, limpieza en solución
líquida pulverizada).
Además de los efectos directos arriba citados, el agua puede
ser afectada también indirectamente por una central térmica.
Cabe mencionar aquí el fenómeno de la 'lluvia ácida', producida
por la reacción química del agua lluvia y otras precipitaciones naturales
con los contaminantes atmosféricos emitidos por la central (SOx,
HCl, NOx).
|
Suelo y aguas
subterráneas
|
Las centrales térmicas tienen efectos muy diversos sobre el
suelo y las aguas subterráneas. La calidad del suelo
puede empeorar debido a la precipitación de polvo, sobre todo
en las proximidades de la central, siendo especialmente peligrosa
la contaminación ocasionada por los metales pesados contenidos
en el polvo. También pueden cambiar las propiedades químicas
del suelo debido a las precipitaciones ácidas, atribuibles
principalmente a la hidrogenación de las sustancias SO2 y
NOx; en condiciones desfavorables, las precipitaciones
ácidas afectan también a las aguas subterráneas y superficiales.
La contaminación del suelo y de las aguas subterráneas no depende
primordialmente de las concentraciones de polvo y de formadores de ácido
en el gas de escape, sino más bien de las emisiones totales a lo
largo del año (carga contaminante) y de las condiciones de difusión.
Por tanto, a medida que aumenta el tamaño de la central, hay
que mejorar también el grado de eliminación de las sustancias nocivas.
El suelo y, sobre todo, las aguas subterráneas en las inmediaciones
de la central están amenazados también por la fuga de sustancias
contaminantes provenientes, ante todo, de deficiencias en la captación
y depuración de aguas residuales, fugas de aceite y líquidos
oleosos, almacenamiento inadecuado de aceite y carbón y disposición
de materias residuales.
Otros efectos sobre el suelo, y más aún sobre las aguas
subterráneas, provienen de los depósitos de residuos, que
en las centrales constan principalmente de escorias, cenizas volátiles,
residuos de la desulfuración de los gases de combustión y lodos
procedentes del tratamiento del agua y de aguas residuales. La cantidad
de estos residuos depende en parte del procedimiento empleado,
siendo especialmente elevada cuando se utilizan carbones de baja
calidad.
Dependiendo de su composición, las escorias y cenizas volátiles
podrán reutilizarse (por ejemplo, como agregado del cemento en
la construcción de carreteras). Si no hay ninguna posibilidad de
aprovechamiento, estos materiales deben llevarse a vertederos/depósitos
apropiados (por ejemplo, por encima del nivel freático).
Los residuos procedentes de la desulfuración del gas de combustión
dependen del procedimiento utilizado y algunos de ellos pueden aprovecharse
(por ejemplo, el yeso). La cantidad de residuos depende
del contenido de azufre y del poder calorífico del combustible,
así como del grado de desulfuración y de los aditivos
que se utilicen. Antes de escoger el método de desulfuración,
conviene saber si existe en el país una demanda comercial del residuo
que se produce obligatoriamente a raíz del procedimiento. A estos
fines conviene realizar un minucioso estudio de mercado en el
lugar de emplazamiento y tomar contacto con empresas locales. Debe estudiarse
si los residuos son aprovechables (por ejemplo, en la
industria de materiales de construcción) y, de lo contrario, si se pueden
depositar sin perjuicios y bajo qué condiciones.
Como ejemplo del volumen de residuos generado en la desulfuración
del gas de combustión, se presentan a continuación los valores para
dos clases de carbón diferentes y para fuel oil pesado:
| |
Hulla
|
Lignito
|
Fuel oil pesado
|
|
Poder calorífico (kJ/kg)
|
28.000
|
10.000
|
40.000
|
|
Contenido en azufre (% en peso)
|
2,0
|
2,0
|
2,0
|
|
Grado de desulfuración (%)
|
85
|
85
|
85
|
|
SOx en el gas sin depurar (kg/MWelh)
|
14
|
38
|
9,5
|
|
(mg/m³ [c.n.*])
|
4.000
|
8.600
|
2.850
|
|
SOx en el gas depurado (kg/MWelh)
|
2,1
|
5,7
|
1,4
|
|
(mg/m³ [c.n.])
|
600
|
1.300
|
427
|
|
Cantidad de residuo (kg/MWel)
(varía según el método)
|
Hulla
|
Lignito
|
Fuel oil pesado
|
|
Yeso
|
32
|
87
|
22
|
|
Sulfitos y sulfatos
|
36
|
97
|
24
|
|
Azufre
|
6
|
16
|
4
|
|
Acido sulfúrico
|
18
|
50
|
12
|
* c.n. = en condiciones normales
Cuando hay que eliminar productos de desulfuración (yeso o mezcla
de sulfitos y sulfatos) y cenizas volátiles se recomienda mezclar
los dos productos antes de depositarlos. Las cenizas volátiles y
los productos de desulfuración pueden así iniciar juntos un proceso
de endurecimiento que produzca una estabilización y disminución
de la lixiviabilidad de los componentes solubles en agua.
En las técnicas de desulfuración con productos finales aprovechables
se produce, en el tratamiento del agua residual, un lodo
con alto contenido en metales pesados. Este lodo debe llevarse
a un vertedero/depósito especial.
El perjuicio al ser humano ocasionado por las centrales térmicas puede
ser directo (acción de los gases contaminantes sobre el organismo),
o indirecto (cadena alimentaria y alteraciones del medio ambiente).
Sobre todo los gases contaminantes como SO2 y NOx,
emitidos en conjunto con polvos finos en concentraciones muy altas,
pueden producir afecciones de los órganos respiratorios. Perjuicios
a la salud por el SO2 y el NOx pueden producirse
incluso por debajo de los valores prescritos en el reglamento alemán
relativo al smog, siendo decisiva la duración de la exposición.
Los problemas sanitarios incluyen también la ingestión, por el ser humano,
de metales pesados nocivos (por ejemplo, plomo, mercurio, cadmio) a
través de la cadena alimentaria (agua potable y productos vegetales
y animales). La salud humana también puede verse afectada por eventuales
cambios climáticos, producidos, por ejemplo, por el calentamiento y
la acidificación de las aguas superficiales, la desaparición de los
bosques debido a la lluvia ácida, o el efecto invernadero ocasionado
por la acción a largo plazo de oligogases como el CO2. También
son relevantes los efectos que pueden tener los cambios climáticos sobre
la agricultura y la silvicultura (y por tanto también sobre las costumbres
y el nivel de ingresos de la población), pudiéndose mencionar especialmente
el desplazamiento en gran escala de zonas de cultivo y la reducción
del rendimiento agrícola. En vista de las repercusiones socioeconómicas
y socioculturales que conlleva la construcción y operación de una central
térmica, conviene incluir estudios preliminares adecuados en la fase
de proyección. En este contexto, será necesario estudiar las consecuencias
específicas para cada sexo y prever servicios médicos para la zona del
proyecto. Una participación amplia y oportuna de los grupos de población
afectados en el proceso de planificación y decisión contribuye a prevenir
o a reducir los conflictos.
Un tipo de emisión especial de las centrales térmicas lo constituye
el ruido, que actúa directamente sobre el ser humano y los animales.
Las fuentes de ruido importantes en una central térmica son:
Salida de chimenea, cintas transportadoras, ventiladores, motores,
canales de gas de combustión, tuberías y turbinas.
En toda central térmica, una parte del personal está sometida
a ruido molesto, a veces de gran intensidad.
Existen diversas medidas para eliminar los ruidos molestos
o reducirlos a un nivel soportable, debiendo darse especial
prioridad a la protección del personal de la central. Por
una parte, se tratará de instalar la central a una distancia
suficiente de las zonas habitadas. Por otra, a la hora de
planificar y construir la central deberán preverse todas las
medidas necesarias para disminuir el ruido en cada fuente sonora.
Para este objetivo son recomendables, sobre todo, los dispositivos
de insonorización destinados a reducir el ruido producido por la
corriente de fluidos, así como los elementos de encapsulamiento de
máquinas que reducen el ruido propagado por el aire y las estructuras
sólidas. Otra medida para la reducción simultánea de los niveles de
emisión e inmisión es el confinamiento, que también tiene aplicación
preferente en el sector de centrales térmicas por motivos de protección
contra la intemperie.
Para la construcción de una central eléctrica se necesitan grandes
superficies de terreno, las cuales suelen ser mucho mayores en las
centrales de carbón que en las de gas o de petróleo.
El paisaje es afectado también por la construcción de las vías
de transporte necesarias para el suministro de medios de explotación
y para la gestión de residuos (véanse también los capítulos sobre vías
férreas, circulación vial y vías fluviales). Las actividades extractivas
(extracción de carbón para la combustión o de piedra
caliza para la desulfuración) pueden incidir de forma importante
en el paisaje, al igual que la disposición de residuos no
aprovechables. En la gestión de residuos debe intentarse
primero el relleno de terrenos (por ejemplo, de explotaciones
de carbón a cielo abierto agotados) o el secado de terrenos costeros
(land reclaiming), con lo que se evita la construcción de
vertederos separados y se da un uso racional a los residuos.
Desde el punto de vista ecológico, las sustancias inertes son las más
favorables, por lo que conviene escoger productos que generen residuos
con estas propiedades o someter los residuos a tratamiento previo,
a fin de lograr, por ejemplo, una lixiviabilidad escasa.
Además, hay que estudiar hasta qué punto se requieren medidas
de impermeabilización del terreno, drenaje controlado y tratamiento
del agua de infiltración, para impedir la contaminación de aguas
subterráneas o costeras por la entrada de metales pesados
solubles y otras sustancias procedentes de los residuos.
Finalmente, cabe mencionar que las inmisiones contaminantes
pueden producir un deterioro de bosques, lagos y ríos,
que a largo plazo acarreen graves alteraciones del paisaje.