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Fecha de Publicación: 5/8/2003
Impactos Ambientales y Actividades Productivas

Protección vegetal



Descripción del ámbito de actividad


La protección vegetal tiene como fin la limitación de las pérdidas de rendimiento de la producción de plantas útiles durante el período de crecimiento y después del mismo (protección de productos almacenados), aplicándose también como medida de cuarentena. Sirve predominantemente para garantizar los rendimientos, y en cooperación con otras medidas de cultivo, también para incrementarlos.

Se dispone de toda una serie de medidas individuales, en parte divergentes en lo que atañe a sus efectos ecológicos, económicos y socioeconómicos, para mantener los agentes dañinos (enfermedades, plagas, malezas) por debajo del umbral económico de daños. A fin de reducir la probabilidad de los daños se toman las siguientes medidas preventivas, que en parte pertenecen también al sector de la producción vegetal (véase el capítulo de Producción vegetal), lo que al mismo tiempo pone de manifiesto la íntima relación existente entre ambos sectores:

Configuración del lugar (setos, franjas marginales, etc.)

Elección de lugares y variedades

Siembra, plantación

Semillas y plantas sanas

Rotación, cultivo mixto

Tratamiento del suelo, mejoramiento

Fertilización

Cuidados culturales

Actividades de cosecha

Almacenamiento

Estas medidas se ven asistidas por los siguientes métodos directos de protección vegetal:

Físicos

Químicos

Biotécnicos

Biológicos

Integrados

Los métodos físicos destruyen directamente los agentes dañinos, están dirigidos a frenar su desarrollo, o bien impiden su difusión en el espacio. Pueden clasificarse en medidas mecánicas y térmicas. Las primeras incluyen el tratamiento del suelo contra malezas, plagas (escarda, eliminación de partes enfermas de las plantas y de huéspedes intermedios), el anegamiento de los campos contra agentes habitantes del suelo (p. ej. contra fusarium oxysporum, causante de la enfermedad de Panamá del plátano), aplicación de fajas de cola contra insectos dañinos incapaces de volar y otras medidas destinadas a mantener alejadas o a capturar las plagas, como pueden ser cercos, zanjas (para el control de la langosta), trampas y la recogida de parásitos. En el caso de los métodos térmicos se aprovecha la sensibilidad de los agentes dañinos contra las altas o las bajas temperaturas. Entre estos métodos cuentan el tratamiento con agua caliente de semillas y plantones (p. ej. para control de virus y bacterias que atacan a los esquejes de la caña de azúcar), la solarización (la cobertura del terreno con lámina de plástico produce efectos fitosanitarios a través del efecto invernadero originado por los rayos solares; esto se aplica p. ej. para combatir plantas de semillas parásitas, plagas del suelo, etc.), el flameado para el control de malezas, la quema de residuos vegetales. Las temperaturas bajas frenan la difusión de determinadas plagas de almacén.

Los métodos erradicadores, protectores y curativos se aplican en la protección vegetal química a fin de destruir los agentes dañinos o de mantenerlos alejados de las plantas, a fin de proteger éstas contra el ataque y la penetración de tales agentes o para curar plantas o las partes de plantas enfermas o atacadas por las plagas. Los límites entre estos métodos clasificados según sus efectos son flexibles, y muchos plaguicidas no pueden asignarse a una sola forma de actuación. Frente a las plagas, los productos fitosanitarios tienen generalmente un efecto letal por actuación sobre procesos metabólicos importantes o por destrucción de las vías de estímulo. A través de la selección de la materia activa, de la formulación, de la técnica y del momento de la aplicación se consigue una selectividad en diversos grados.

Los métodos biotécnicos y biológicos de protección vegetal han adquirido cada vez más importancia, también por la actualmente más realista apreciación de los riesgos y los límites de las medidas químicas. Los primeros aprovechan reacciones naturales de los organismos dañinos (casi exclusivamente de los móviles) a estímulos físicos y químicos para modificar su comportamiento en el sentido de la protección vegetal (p. ej. trampas de luz y color, sustancias químicas atrayentes y repelentes, feromonas, hormonas, reguladores del crecimiento). En un primer plano se sitúan básicamente aquellas medidas cuyo objetivo no es la muerte inmediata del organismo dañino, sino el control de la población con fines de pronóstico, defensa y disuasión. En combinación con medidas químicas pueden matarse también tales organismos.

La protección vegetal biológica abarca el uso de organismos y de sus prestaciones con fines de protección y de fomento de la resistencia de las plantas frente a factores limitadores bióticos (plagas) y abióticos. Para el control de plagas y enfermedades, esto tiene lugar a través de medidas directas de conservación y fomento, uso masivo artificial y nueva integración de organismos útiles en hábitats en los que anteriormente no estaban presentes. Hasta ahora, el control biológico de las malezas se desarrolla predominantemente a través del nuevo asentamiento de organismos útiles.

Entre las medidas biológicas cuenta además la inducción de resistencia a enfermedades, que en el caso de las plantas puede producirse, por ejemplo, infectándolas con agentes patógenos de virulencia reducida.

Existen estrechas interrelaciones entre la protección vegetal biológica y la integrada en el sentido de que en ambos métodos se da una gran importancia a la regulación por factores limitadores bióticos. Condición para el funcionamiento de estos métodos es además una renuncia prácticamente total al uso de plaguicidas preventivos y de amplio espectro. Las posibilidades de aplicación de los métodos biológicos están limitadas en las biocenosis agrarias de uso intensivo y pobres en especies, mientras que tienen una mayor relevancia en las formas extensivas de explotación y en cenosis ricas en especies. Los límites están fijados ante todo por la eficiencia de los organismos útiles y por su dependencia de las condiciones ambientales.

La protección vegetal integrada es un concepto en el que se aplican todos los métodos ecológica y económicamente razonables con la mejor coordinación posible para mantener las plagas por debajo del umbral económico de los daños, poniéndose en un primer plano el uso de factores limitadores naturales. El objetivo fundamental es la mayor protección posible del sistema natural, lo que debe alcanzarse reduciendo las aplicaciones de productos fitosanitarios químicos, integrando al mismo tiempo diversos instrumentos propios de las restantes medidas. Aquí son particularmente íntimas las relaciones con la producción vegetal. La reducción del uso de plaguicidas al nivel absolutamente imprescindible debe alcanzarse por renuncia a pulverizaciones rutinarias o según calendario, por adaptación de la dosificación de plaguicidas a las condiciones reales, por renuncia a productos persistentes y de amplio espectro (perjudiciales para los organismos útiles) y por elección del momento de la aplicación, teniendo en cuenta la protección de los organismos útiles.

En general, los métodos integrados de protección vegetal dan mejores resultados en los cultivos permanentes, por sus biocenosis más estables, sobre las que debe influirse en forma persistente, que en el caso de los cultivos de corta duración, donde las comunidades biológicas están sometidas forzosamente a un cambio continuo. Los límites y los riesgos de estos métodos se ponen claramente de manifiesto en caso de ser practicados por personal sin la debida formación. Por regla general se plantean grandes exigencias en cuanto a conocimientos sobre las relaciones biológicas, ecológicas y económicas.

Impacto ambiental y medidas de protección

Protección vegetal general

Impacto ambiental

 

Las repercusiones de la protección vegetal sobre el medio ambiente resultan de los efectos de las sustancias y/o energéticos sobre organismos y de su influencia sobre el suelo, el agua y el aire. La nocividad de una medida de protección vegetal depende, especialmente bajo el aspecto de su persistencia, de su variada forma de influir sobre el complejo de interrelaciones del ecosistema. Impactos ambientales negativos son probables cuando la aplicación de la protección vegetal no tiene en cuenta suficientemente los aspectos ecológicos. Aplicaciones exclusivas de una misma materia activa provocan la formación de resistencias en las plagas. Métodos de control no específicos reducen ciertamente la difusión de la plaga, pero también afectan inintencionadamente a un gran número de organismos útiles. Con esto van en detrimento de la variedad de especies y de los mecanismos biológicos de regulación, por lo que existe el riesgo de una proliferación más rápida de las plagas, lo que a su vez exigirá una mayor protección vegetal. Además son de esperar repercusiones sobre la abiosis (p. ej. erosión del suelo por las labores auxiliares de la protección vegetal).

En combinación con otras medidas agrícolas, la protección vegetal amplía los límites ecofisiológicos de un gran número de cultivos. El cultivo de papas o tomates en regiones montañosas húmedas exige una protección vegetal de mayor intensidad contra hongos. Las plantas cultivadas cuyos órganos de reserva subterráneos son el producto de la cosecha (p. ej. papa, taro) ponen en peligro la persistencia del uso de las tierras, especialmente en caso de cultivo en las laderas, por los riesgos de erosión y por la mayor movilización de nutrientes.

El fácil manejo y los rápidos efectos de los plaguicidas han llevado a que la protección vegetal química adquiera una destacada importancia, que al mismo tiempo conlleva el riesgo del uso indiscriminado, p. ej. el de una aplicación no rentable.

Las condiciones socioeconómicas se ven en parte considerablemente influenciadas por la introducción o la modificación de los métodos de protección vegetal, que al mismo tiempo son un elemento determinante del sistema de producción. Esto es válido ante todo para países agrarios. Así, por ejemplo, en caso de pasar de la agricultura con barbecho al cultivo permanente, se requieren gastos monetarios considerablemente superiores para el control de las malezas, lo que trae consigo las correspondientes repercusiones socioeconómicas. Además, el espectro de la flora de las tierras cultivadas se desplaza en dirección a especies de control más difícil.

Del uso de herbicidas en lugar de la escarda convencional pueden resultar perjuicios para aquellos grupos de población (niños, mujeres, hombres, grupos étnicos) a los que hasta entonces correspondía la responsabilidad de tales tareas. Además, por la introducción de nuevos métodos pueden verse afectadas la salud, la capacidad laboral y las relaciones de propiedad. Por otra parte, los objetivos sociales y las ideas de ética y moral fijan el marco dentro del que debe moverse la protección vegetal (p. ej. prohibición de matar grupos de animales; valoración de la calidad del aire y del agua, ausencia de residuos, protección en el trabajo, preferencias laborales, demanda de tiempo libre).

Medidas de protección ambiental

El objetivo de las medidas de protección ambiental es limitar a largo plazo a un mínimo los daños ecológicos derivados de la protección vegetal. A tal fin tienen que sospesarse objetivos macroeconómicos y objetivos individuales o microeconómicos, aplicándose consecuentemente el principio del contaminador-pagador a la hora de regular los daños. El umbral de control fitosanitario debería fijarse según criterios ecológicos y económicos, teniendo en cuenta aspectos a largo plazo.

Esto debe intentarse utilizando al máximo los factores limitadores naturales (véanse las medidas de protección en el capítulo de Producción vegetal), así como por reducción de la probabilidad de los daños (véase el apartado 1). Los efectos derivados de la protección vegetal sobre el sistema de producción y el ecosistema, p. ej. por una ampliación de los cultivos a lugares con una mayor intensidad de infestaciones, han de tenerse en cuenta al igual que las repercusiones sobre las relaciones económicas y sociales de las personas.

Métodos especiales de la protección vegetal
Métodos físicos

Impacto ambiental

Los métodos térmicos suelen necesitar para su ejecución cantidades considerables de energía, a fin de matar los agentes dañinos por efecto del calor (flameado, generación de vapor o agua caliente). Deben tenerse en cuenta los efectos de la generación de energía sobre el medio ambiente (véase el capítulo de Planificación energética, Energías renovables). En el caso de la solarización se aprovecha ciertamente la energía solar; pero para conseguir el efecto de invernadero se requieren, cubriendo toda la superficie o entre las hileras de cultivo, láminas de plástico, generalmente de polietileno, cuya eliminación como desecho aún no está resuelta satisfactoriamente en muchos países. Los efectos de los métodos térmicos sobre la biocenosis son generalmente no selectivos, por lo que generalmente en los suelos pasteurizados o esterilizados se forma un vacío biológico en el que primero tienen que establecerse nuevamente poblaciones de microflora y microfauna hasta alcanzar otra vez el equilibrio. Los métodos mecánicos aplicados en el marco del control de malezas provocan cambios en la erosionabilidad de los suelos debido al tratamiento de los mismos. A esto debe prestarse atención especialmente en las laderas. Además existe el riesgo de lesionar órganos de las plantas con lo que al mismo tiempo se forman puertas de entrada para virus y parásitos secundarios transmisibles mecánicamente. Con los métodos térmicos y mecánicos se fomenta también generalmente la movilización de nutrientes a partir de materia orgánica. Este metabolismo del humus, que va parejo a la destrucción de los complejos de arcilla y humus y a un empeoramiento de la estructura, provoca una reducción de la fertilidad del suelo. Además existe el peligro de la lixiviación de nutrientes o de su aportación a otros ecosistemas. El anegamiento destinado a restringir los agentes dañinos del suelo tiene repercusiones pasivas, si bien sólo a corto plazo, sobre los factores bióticos y abióticos del suelo, influyendo negativamente sobre la estructura del mismo y sobre la dinámica de los nutrientes. En general, los métodos exigen mucho trabajo y tienen una efectividad muy limitada en el tiempo y el espacio contra los organismos dañinos. Su aplicación puede verse limitada en parte por falta de mano de obra y por motivos económicos.

Medidas de protección ambiental

Los métodos térmicos y mecánicos deben organizarse en cuanto a fechas, lugares e intensidad de modo que se consigan la mayor eficiencia posible y el menor perjuicio posible para los organismos útiles. En caso de aplicación de métodos mecánicos debe tenerse en cuenta la función protectora de la vegetación para la estructura y la vida del suelo. La cobertura del suelo con material vegetal cortado (mulching) brinda p. ej. una posibilidad de control de las malezas, sirviendo al mismo tiempo de protección contra la erosión. A la proliferación de las medidas mecánicas ha contribuido el desarrollo de métodos con los que se ahorra trabajo y se incrementa la efectividad. A través de un mayor grado de sustitución pueden evitarse los daños producidos por otros métodos.

Métodos químicos

Impacto ambiental

Los efectos de la protección vegetal química sobre el medio ambiente abarcan esencialmente tres áreas interferentes:

a.  Efectos de toxicidad aguda y crónica

b. Contaminación material de productos de cosecha, suelos, agua y aire por plaguicidas y productos de transformación así como su acumulación en el sistema

c. Repercusiones a nivel de sistema (biocenosis).

a)   La clasificación de los plaguicidas químicos según sus grupos destinatarios da una impresión errónea de toxicidad limitada a tales grupos (herbicidas - plantas, fungicidas - hongos, insecticidas - insectos, etc.). La mayoría de los productos son de amplio espectro, tienen efectos letales o inhibidores sobre los organismos por afectar sus procesos metabólicos básicos (fotosíntesis, formación de ATP (adenosín-trifosfato), formación y funciones de las membranas, etc.). La toxicidad de los plaguicidas va emparejada con repercusiones importantes. La Organización Mundial de la Salud OMS estima que anualmente sufren intoxicaciones por plaguicidas unos 1,5 millones de personas, de las que mueren 28.000. Además de las sustancias activas propiamente dichas, los plaguicidas contienen aditivos destinados a darles adherencia y capacidad mojante, así como a otras funciones. Según estudios de la EPA (Agencia Norteamericana de Protección del Medio Ambiente), de 1200 aditivos examinados, 50 tienen que clasificarse como tóxicos.

Riesgos especiales se derivan de productos de calidad deficiente, utilizados con frecuencia en países donde imperan condiciones de homologación liberales. Envejecimiento, impurezas, formulaciones de baja calidad y concentraciones de materia activa discrepantes de las declaraciones son problemas que se repiten con frecuencia.

También se produce contaminación del medio ambiente por plaguicidas durante el almacenamiento y el transporte (suelo, agua, aire). Las fuentes principales son recipientes no herméticos y los problemas derivados del envasado de grandes cantidades.

El peligro de contaminación de alimentos se da además en caso de almacenamiento no separado o de venta simultánea de productos fitosanitarios y alimentos, cosa frecuente en algunos países.

La rápida caducidad de los plaguicidas, cuya vida útil es con frecuencia inferior a dos años, acarrea el problema, hasta ahora no resuelto, de una eliminación correcta de la residuos. En muchos países se acumulan peligrosas "bombas de relojería", en parte con cantidades considerables concentradas en unos pocos metros cuadrados.

La falta de formación e información de los comerciantes y los campesinos es causa de una aplicación incorrecta (confusiones, dosificaciones erróneas, no observancia de los tiempos de carencia y similares).

  • La aplicación incorrecta es originada además por una identificación deficiente de los envases (pictograma, rotulación en lengua extranjera). Los plaguicidas son rellenados frecuentemente por comerciantes locales en recipientes propios de productos alimenticios (botellas de zumos, bolsas de plástico). Por el contrario, muchos recipientes de plaguicidas son utilizados después en el hogar con otros fines.
  • Dependiendo de la técnica de aplicación y de las condiciones climáticas, existe peligro de intoxicación para los usuarios, para familiares que ayuden en el trabajo y especialmente para niños y vecinos. Prácticamente no hay disponible nunca vestuario de protección apropiado para los trópicos. Especialmente en el caso de aplicación con aviones, los plaguicidas suelen desviarse también, cayendo sobre viviendas, cultivos vecinos, pastos y aguas, etc.
  • Un uso apropiado de los plaguicidas se basa en la compra, vinculada a unas mayores inversiones para la técnica correcta de almacenamiento y aplicación. El método requiere mucho capital.

b)Contaminación de los productos de cosecha, de los alimentos y de los forrajes con las materias activas de los plaguicidas o con sus residuos así como su acumulación, con la consecuencia del riesgo de daño para la salud de personas y animales [cosa que se da especialmente en caso de aplicación incorrecta (ver lo anterior), dosificación errónea, no observancia de tiempos de carencia.]: p. ej., el uso de hidrocarburos clorados en hortalizas de raíz provocó su acumulación en el producto cosechado y su ingestión por bebés en forma de alimentos infantiles, lo que provocó la prohibición de utilizar tales hidrocarburos clorados en el cultivo de hortalizas.

Contaminación de suelo, agua y aire con materias activas de plaguicidas o sus productos de descomposición: más de la mitad de los productos fitosanitarios aplicados por pulverización pasa directamente a la atmósfera, siendo transportados en parte a largas distancias en forma de aerosoles, antes de precipitarse sobre el suelo y las aguas. Los residuos contaminan en gran parte directamente el suelo y las aguas. Especialmente en los trópicos existe un gran riesgo de que las materias activas pasen a la fase gaseosa, por lo que aquí no resultan apropiados plaguicidas con una presión de vapor elevada. La no observancia de criterios ecológicos o toxicológicos puede provocar problemas a los cultivos sucesivos y limitaciones en el cultivo a causa de la contaminación del lugar con sustancias tóxicas (aplicación de productos a base de cobre en las plantaciones de bananos). En caso de un poder de absorción reducido (capacidad de retención) como se da por ejemplo en los suelos arenosos, los plaguicidas y los residuos pueden ser lixiviados, contaminando las aguas subterráneas. Su persistencia puede aumentar con la profundidad del suelo, por ejemplo debido a la disminución de la actividad microbiana.

c) El efecto de amplio espectro de la mayoría de los plaguicidas o de sus productos de descomposición tiene múltiples repercusiones directas e indirectas sobre los componentes bióticos y abióticos de los ecosistemas, incluso a gran distancia del lugar de aplicación. Especialmente las repercusiones indirectas suelen ser imposibles de pronosticar, por lo que pueden producirse "efectos en avalancha" imprevisibles dentro del complejo de interrelaciones del ecosistema. Pimentel calcula para Norteamérica unos daños en la biocenosis derivados del uso de plaguicidas químicos que anualmente alcanzan el importe de 500 millones de USD. Mucho más de la mitad de estos costos son originados por una reducción de los organismos útiles y por resistencia frente a los plaguicidas.

Aquí se incluye p. ej. la eliminación de insectos polinizadores y de otros organi



 

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