En el caso concreto de los olores, los efectos
adversos descritos por la presencia en un interior
de aromas, perfumes, humo de tabaco, olores no
familiares o desconocidos, etc., incluyen efectos
somáticos difícilmente justificables
por las concentraciones presentes en aire. Entre
los citados en la bibliografía se hallan
náuseas, vómitos, dolor de cabeza,
algunas reacciones aparentemente neurotóxicas,
tales como comportamiento evasivo, pérdidas
de memoria o problemas de concentración,
interacciones con otros sistemas sensoriales o
biológicos que provocan reacciones de hipersensibilidad
y cambios en las pautas de respiración,
y estrés, especialmente frente a olores
repetitivos y/o no identificados. Algunos de estos
efectos dependen de la dosis y pueden aumentar
con el tiempo.
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Principales fuentes contaminantes de olores
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Es importante distinguir entre los olores procedentes
del exterior, que pueden llegar al edificio a
través de los sistemas de renovación
de aire o por infiltraciones a través del
suelo o desagües, y los generados en el interior
del propio edificio. Los primeros están
muy influidos por la situación del edificio
respecto al entorno, especialmente por su proximidad
a zonas de tráfico intenso, a vertederos,
a actividades agrícolas o a instalaciones
industriales. Sin embargo, la mayoría de
olores tienen su origen en el propio interior
del edificio, siendo la causa principal sus ocupantes
y las actividades por ellos desarrolladas. En
el Cuadro 1 se recogen las principales fuentes
contaminantes de olores que pueden afectar un
ambiente interior.
Cuadro
1: Principales fuentes contaminantes de olores

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Características de un olor
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Desde el punto de vista de su percepción,
un olor presenta cuatro características
que permiten su definición y medida y que
se resumen en el Cuadro 2.
Cuadro
2: Características de un olor. Definiciones
La intensidad o fuerza de un olor depende de
la concentración en aire del compuesto(s)
que lo origina y varía según una
función exponencial:
l = kCn
El exponente n varía en un margen aproximado
entre 0,2 y 0,7, y es un parámetro crítico
como indicador de la efectividad relativa de
la dilución para el control de un determinado
olor.
Existen diferentes métodos para establecer
la fuerza relativa de un olor. Algunos, como
el propuesto por la American Society of Heating,
Refrigerating and Air Conditioning Engineers
(ASHRAE) define una escala:
0 = sin olor o justo reconocible, 1 = olor
ligero, 2 = olor moderado y 3 = olor fuerte.
Otros utilizan el concepto de unidades de olor
que indican el número de volúmenes
de aire limpio (sin olor) necesarios para diluir
el olor existente en el ambiente hasta el umbral
de olor. También pueden usarse diferentes
concentraciones de un compuesto de referencia
como el n-butanol.
En el caso de mezclas, se presentan efectos
interactivos complejos ya que la intensidad
percibida es inferior a la suma de las intensidades
percibidas para cada uno de los componentes
individuales. De forma aproximada puede estimarse
la fuerza de una mezcla con olor, con una exactitud
del ± 50%, a partir del componente individual
de mayor olor.
La calidad de un olor o carácter:
permite describir y diferenciar cualitativamente
los distintos olores. Son ejemplos típicos
términos y expresiones tales como afrutado,
mohoso, rancio, perfumado, olor a sudor, a alcantarilla,
a nuez, a creosota, a podrido, a quemado, etc.
En el caso de que se presenten simultáneamente
dos olores, si la calidad u olor característico
de cada uno de ellos es lo suficientemente diferente,
podrán distinguirse separadamente. Ello
explica los fracasos que se obtienen a veces
al intentar enmascarar un olor con otro en teoría
agradable.
La aceptabilidad o tono hedónico
de un olor: es un factor totalmente subjetivo
que permite hablar de olores agradables, desagradables,
nauseabundos, etc. En un ambiente interior suele
ser una característica poco significativa
ya que al estar la percepción de un olor
basada en una combinación entre la frecuencia
de aparición, su calidad y su intensidad,
incluso olores aceptados con agrado tales como
perfumes, comida, café, etc. pueden ser
molestos según el momento en que se manifiesten
o si se prolongan en el tiempo. Además,
una exposición continua y prolongada
a ciertos olores puede causar una disminución
en la habilidad para percibirlos al desarrollarse
una adaptación olfatoria.
Umbral de olor: Es un valor teórico
obtenido a partir de un porcentaje especificado
de la población. No es un hecho fisiológico
o una constante física sino que representa
un valor estadístico.
Es conveniente distinguir entre:
Umbral de detección: o concentración
mínima del compuesto que producirá
una respuesta sensorial en los receptores olfativos
de una población dada, en un porcentaje
que, por convención, se ha especificado
sea el 50%, aunque se puede subir al 100% si
se quiere incluir a la población menos
sensible o reducirlo al 10% para considerar
sólo a la más sensible, y
Umbral de reconocimiento: o concentración
mínima a la que una parte de la población
(generalmente el 50%) es capaz de describir
el olor de un compuesto.
La Organización Mundial de la Salud
(OMS, 1987), en su Guía de Calidad de
Aire para Europa, considera también un
umbral de molestia:
Umbral de molestia o concentración a
la que sólo una pequeña proporción
de la población < 5%) manifiesta molestias
durante una pequeña parte del tiempo
< 2%). Dado que la sensación de molestia
puede estar influida por factores psicológicos
y socioeconómicos, un umbral de molestia
no puede definirse sólo en base a la
concentración.
A modo de resumen puede decirse que el umbral
de detección está relacionado
con la intensidad, el de reconocimiento con
la calidad y el de molestia con la aceptabilidad.
Existen varios trabajos sobre olores en los
que se recogen los datos disponibles sobre este
tema. La American Industrial Hygiene Association
(AlHA) publicó en 1989, como ayuda para
la investigación higiénica, una
revisión crítica datos sobre umbrales
de olor (detección y reconocimiento)
para compuestos con valor límite de exposición
para puestos de trabajo (TLV). Comparando estos
datos con valores umbral de irritación
se observa que los valores de olor suelen ser
muy inferiores a los de irritación y,
por tanto, no es por criterios de irritabilidad
que se justifican las quejas y molestias que
su presencia en un ambiente interior, e incluso
al aire libre, genera entre la población.
Una excepción importante es el formaldehído,
contaminante muy frecuente en interiores, que,
según datos de la OMS, tiene un umbral
de olor de 0,06 mg/m3 y un umbral de irritación
de 0,1 mg/m3 para exposiciones cortas.
Dada la complejidad del factor olor dentro
de la percepción general de un ambiente
interior, su evaluación es una herramienta
crítica para el establecimiento de la
calidad del aire y se ha convertido en una ciencia
especializada, con una aplicación directa
en aquellos casos en que es difícil establecer
una diferencia clara entre olores molestos y
problemas de disconfort. La ASHRAE (Standard
62-1989) ha desarrollado unos estándares
de ventilación destinados a limitar en
los edificios los problemas de olor debidos
a sus ocupantes, principalmente bioefluentes
y humo de tabaco, para lo cual establece unos
aportes de aire basados en unidades por persona.
En realidad, como ya se ha comentado, en un
interior hay otras fuentes contaminantes responsables
de la presencia en aire de un gran número
de compuestos químicos con muy variados
límites olfativos (con factores de hasta
1010). La determinación química
de los mismos no aporta salvo excepciones, ninguna
solución a las quejas de olor que se
asocian, con frecuencia, con el Síndrome
del Edificio Enfermo. En principio es preferible
otro enfoque consistente en preguntar a la gente
cómo percibe el aire y expresar su calidad
como porcentaje de insatisfechos en un determinado
momento, por ejemplo justo al entrar en un ambiente.
En 1988, Fanger definió las bases para
una mejor comprensión de muchos de los
problemas que se manifiestan en un interior
al incorporar este concepto a sus estudios e
introducir dos unidades nuevas, el olf y el
decipol, para cuantizar las fuentes contaminantes
y los niveles de contaminación tal como
los percibe el ser humano.
Un olf se define como la contaminación
emitida (bioefluentes) por una persona estándar,
es decir un adulto medio que trabaja en una
oficina o en un entorno no industrial similar,
sedentario, que está en una ambiente
de confort térmico, y que tiene un estándar
higiénico equivalente a 0,7 baños/día.
A partir de esta definición de olf cualquier
otra fuente contaminante puede expresarse en
número de olfs, es decir, en número
de personas estándar necesarias para
que el aire resulte igualmente insatisfactorio.
La calidad de un aire puede, por tanto, expresarse
en función del porcentaje de insatisfechos,
es decir del número de personas que cuando
entran en un local encuentran el aire inaceptable.
Se toma como referencia un ser humano porque
existe un buen conocimiento de como percibe
éste los bioefluentes.
Dado que la contaminación del aire depende
de la fuente contaminante y de la dilución
de esta contaminación que se logre con
la ventilación, se define un decipol
como la contaminación ambiental generada
por una persona estándar (un olf), pero
teniendo en cuenta un aporte de 10 L/s de aire
no contaminado (1 decipol = 0,1 olf / (L/s)).
Es decir, un decipol es la calidad de aire percibida
en presencia de un olf ventilado a 10 L/s con
aire fresco. A medida que aumente el número
de decipoles disminuirá la calidad del
aire y aumentará el número de
insatisfechos.
En edificios bien ventilados con fuentes de
contaminación bajas (edificios sanos)
la contaminación percibida en el aire
está por debajo de 1 decipol lo cual,
según los estudios realizados, implica
un máximo del 15% de insatisfechos. Los
espacios con poca renovación o con fuentes
contaminantes de importancia, pueden percibir
una contaminación en el aire de 10 decipol
o un 60% de insatisfechos. En la práctica
el objetivo de conseguir en un interior una
calidad de aire de 0,1 decipol o de un 1 % de
insatisfechos es difícil de alcanzar.
Existen propuestas para utilizar estas unidades
para calcular la ventilación necesaria
desde el punto de vista del confort y lograr
un determinado nivel de calidad de aire. Para
ello se expresa en olfs la potencia (o fuerza)
de cada una de las fuentes contaminantes presentes
en un interior y su suma da la carga sensorial
u olfativa con la que se calculan las tasas
de ventilación adecuadas. Hay que tener
en cuenta que por el momento el olf y el decipol
sólo pueden medirse usando al hombre
como unidad de medida lo cual significa usar
paneles de opinión. Es un desafío
para el futuro desarrollar un instrumento que
pueda medir la "contaminación percibida"
en aire, es decir un medidor de decipoles.
Hay que destacar que los decipoles no informan
respecto a si la contaminación existente
representa un peligro para la salud ya que cualquier
riesgo específico debe considerarse por
separado. Sin embargo, debe considerarse que
en algunos casos puede representar una primera
aproximación en este sentido.
La realización de medidas mediante paneles
puede ser en algunos casos necesaria para verificar,
en la práctica, que los requerimientos
de confort se cumplen. Pueden hacerse utilizando
paneles no entrenados aunque la mayoría
de investigadores prefieren personas entrenadas
(expertos). En ambos casos los panelistas deben
refrescar primero sus sentidos respirando un
aire de buena calidad, ya sea exterior o en
una habitación especial, y emitir su
opinión inmediatamente después
de entrar en contacto con el airea estudiar.
Los dos métodos más utilizados
para evaluar la calidad de un aire son el método
decipol y el método umbral:
El método decipol utiliza un panel de
unas 10 personas entrenadas para evaluar la
calidad de un aire directamente en decipoles.
Para ello utiliza como referencia 2-propanona
y la producción del olor se basa en la
evaporación pasiva de este compuesto
que se hace llegar al panelista mediante un
flujo de aire constante. Previamente se ha establecido
(265 personas) la relación entre calidad
de aire percibida en decipoles y concentración
en aire de 2-propanona y esta relación
se utiliza para entrenar a las personas que
van a efectuar las mediciones.
En el método umbral se diluye una muestra
de aire con aire limpio (sin olor) para determinar
la dilución a la cual el 50% de un panel
de 8 personas ya no puede distinguir entre el
aire diluido y el aire limpio. El número
de diluciones, expresado en unidades de olor
por m3 de aire a 20ºC (u.o./m3) , es el
valor numérico para la concentración
de olor de la muestra de aire original.
Una de las mayores dificultades que se presentan
para la medición y evaluación
de un olor es el amplio margen de variables
existentes. Además de las diferentes
percepciones individuales, hay factores tales
como la humedad y la temperatura que afectan
la sensibilidad para el olor e incluso pueden
aumentar su intensidad. Por otra parte es difícil
establecer generalizaciones en este campo, aunque
los estudios realizados parecen indicar que
las mujeres son más sensibles a los olores
que los hombres.
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Criterios para la valoración de
un efecto sensorial
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En la práctica, para valorar un efecto
sensorial suelen utilizarse indicadores que
permitan estimar o predecir su intensidad y
que son los utilizados por las normas de ventilación,
ya que lo que éstas pretenden es dar
unas condiciones para disponer de un aire de
calidad.
Cuadro
3: Indicadores de olor y valores de referencia

1. A concentraciones de
3 mg/m3 el olor es significativo.
2. Representativo
de la concentración de bioefluentes presentes.
3. Indicativo
de la variación de la intensidad del
olor.
Por su parte la OMS (1987) propone para una
serie de compuestos unos valores que no deben
superarse para evitar molestias por olor (nivel
de molestia) y que se recogen en el Cuadro 4
que también incluye, a título
comparativo, los valores de referencia propuestos
para evitar efectos, no cancerígenos,
para la salud. Además en un informe sobre
"Calidad de aire interior: contaminantes
orgánicos" (1989) recomienda para
aire interior no industrial que los compuestos
con olor, no deseados, no deben estar presentes
en una concentración que exceda el umbral
de detección ED50 (Obtenido a partir
de las curvas dosis-respuesta, siendo la dosis
efectiva para la cual el 50% de la población
responde).
Cuadro
4: Valores de referencia para algunas sustancias
en aire, según la OMS, basados en molestias
sensoriales por olor y en efectos para la salud,
no cancerígenos

Bibliografía
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HYGIENE ASSOCIATION (ACGIH)
Odor Thresholds for Chemicals with Established
Occupational Health Standards
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HEATING, REFRIGERATING AND AIR CONDITIONING
ENGINEERS (ASHRAE)
Ventilation for Acceptable Indoor Quality
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(3) BLUYSSEN, P. M., WALPOT,
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Sensory evaluation of perceived air quality.
A comparison of the threshold and the decipol
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(4) FANGER, P. 0.
Introduction of the olf and decipol unit to
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and outdoors
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(5) MOLHAVE, L
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and the "Total VOC" concept
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Aspects of Indoor AirQuality - State of theArt
in SBS. Eds Knöppel, H. y Wolkoff, P. Kluwer
Academic Publishers. Dordrecht, The Netherlands,
1992
(6) ORGANIZACIÓN
MUNDIAL DE LA SALUD (OMS)
Air Quality Guidelines for Europe
WHO Regional Publications, European Series Nº.
23. Copenhagen, 1987
(7) ORGANIZACIÓN
MUNDIAL DE LA SALUD (OMS)
Indoor air quality: organic pollutants
EURO Reports and Studies Nº 111, WHO Regional
Office for Europe. Copenhagen, 1989
(8) YOCOM, J. E. Y McCARTHY,
S. M.
Measuring Indoor Air Quality. A Practical Guide
John Wiley & Sons, Inc. Chichester, England,
1991
Redactora:
Mª
José Berenguer Subils
Licenciada en Ciencias Químicas
CENTRO
NACIONAL DE CONDICIONES DE TRABAJO