Fuente: Estrucplan On Line - www.estrucplan.com.ar - Salud, seguridad y medio ambiente en la industria

Impactos Ambientales y Actividades Productivas
Construcción de viviendas y saneamiento de barrios


Descripción del ámbito de actividad

La construcción de viviendas responde a una necesidad básica del ser humano. En la práctica, el significado de habitar una vivienda y la forma como se satisface esta necesidad depende en gran medida de las condiciones, tradiciones y nivel de desarrollo de cada sociedad. La construcción de viviendas, entendido en sentido estricto, abarca en general la creación, conservación y saneamiento del espacio habitable, así como la disposición de los componentes necesarios para este fin, como son suelo edificable, infraestructura (p.ej., vial, medios de transporte colectivo, telecomunicación, abastecimiento de agua potable, evacuación de aguas residuales y residuos sólidos, así como suministro de energía), materiales y técnicas de construcción y medios de financiación. La construcción de viviendas, sin embargo, no se limita a la provisión de espacio habitable, sino que incluye también la adopción de medidas de protección del medio ambiente en las zonas habitables, así como la construcción de equipamientos sociales complementarios (tales como escuelas, centros de salud, lugares de encuentro, centros comerciales, etc.).

En un sentido más amplio puede decirse que todas las medidas que permiten a los habitantes de la zona participar más intensamente en la vida social y económica, contribuyen a mejorar las condiciones habitacionales. En este apartado se incluyen sobre todo las acciones de apoyo a las organizaciones de autoayuda, de creación de las garantías jurídicas para aclarar los litigios de propiedad, de introducción de una normativa legal adecuada, así como de fomento del empleo y creación de riqueza.

En el marco de las condiciones económicas y demográficas actuales y de las tendencias evolutivas que se observan, la dotación adecuada de viviendas constituye sin duda alguna un problema central, sobre todo para la población urbana. Actualmente existe un gran número de familias que viven en condiciones habitacionales inaceptables. Pese a que cada contexto local presenta sus circunstancias específicas, se observan ciertos elementos comunes a todos ellos:

Falta de protección frente a los efectos climáticos (p. ej., lluvia, tormentas, radiación solar, heladas ), riesgos para el medio ambiente (p. ej., ruidos, incendios, agentes patógenos, contaminación atmosférica) y desalojo.

Ambiente fuertemente contaminado.

Sobrepoblación, con los efectos que ello entraña: situaciones de stress, agresiones, accidentes, propagación de enfermedades.

Construcciones de baja calidad, con riesgo para la salud (edificios viejos degradados/barrios marginales, zonas de ocupación espontánea/casas fabricadas con tablas de madera o materiales de desecho).

Ausencia o deficiencia de la infraestructura técnica y social (p. ej., abastecimiento insuficiente de agua potable, eliminación incontrolada de aguas residuales y residuos sólidos, falta de escuelas y de servicios de salud).

La explosión urbana suele ir acompañada de un deficiente control administrativo del crecimiento. Con frecuencia no se dispone de conceptos viables de desarrollo urbano y regional.

Los programas de construcción de viviendas se basan en los datos disponibles sobre desarrollo demográfico, estructura de la renta, tamaño de la familia, distribución demográfica, etc. Pero cuanto más inexacta es la información sobre la evolución demográfica, el contigente y el estado de las viviendas y sobre la actividad en el sector privado de la construcción, más dificil será determinar las necesidades de construcción de nuevas viviendas y de rehabilitación de viviendas antiguas.

En muchos países, la urbanización de espacios se ha desarrollado de forma muy desequilibrada. El crecimiento interno y la progresiva afluencia de emigrantes ha elevado bruscamente la demanda de vivienda en las zonas de aglomeración urbana. La política urbanística, concentrada en la construcción de nuevas viviendas para hacer frente a esta situación, resultó insuficiente para satisfacer la creciente demanda, en particular de viviendas baratas. La penuria cada vez más acentuada en el sector de viviendas baratas llevó a una sobrepoblación de los espacios urbanos existentes, sobre todo de los barrios tradicionales, que han ido degradándose progresivamente. Al mismo tiempo, esta situación ha provocado un amplio movimiento de ocupación ilegal de terrenos y un proceso de construcción de viviendas marginales.

Además de la creación de nuevos espacios habitables, una de las tareas principales que debe abordar actualmente el sector del abastecimiento de viviendas en el marco del desarrollo regional y de la promoción urbanística, es la de remediar la crítica situación de las zonas de aglomeración urbana mediante la mejora de las viviendas existentes. Con el saneamiento de barrios se pretende poner freno a los procesos unilaterales de transformación social, tan frecuentes en estas zonas, con el fin de mantener una estructura social equilibrada

Impacto ambiental y medidas de protección

Los proyectos de construcción de viviendas y saneamiento de barrios tienen un impacto ambiental en la medida en que implican trabajos de construcción. A continuación se exponen algunos de los aspectos esenciales de este impacto.

Urbanización de zonas de nueva construcción

Los problemas que surjen en el saneamiento de barrios, y que resultan difíciles o imposibles de resolver, deben considerarse a priori en el momento de planificar la construcción de nuevas urbanizaciones. Las etapas de planificación y las tecnologías necesarias para ello son ampliamente conocidas y probadas. A continuación expondremos brevemente las más importantes, así como los efectos que implican sobre el medio ambiente.

La declaración de zona urbanizable va acompañada, generalmente, de una modificación del uso del suelo en cuestión y de un aumento del consumo de materias primas. Así pues, se procurará que no sean declaradas zonas urbanizables las tierras agrícolas fértiles, las superficies de bosques o los yacimientos minerales. Las tierras de cultivo situadas en la periferia de las poblaciones suelen servir para abastecer a la población urbana, por lo que no deben ser afectadas por los planes de desarrollo urbanístico. Las áreas de bosques próximas a las ciudades constituyen un recurso valioso que merece ser protegido. Las arboledas desempeñan una importante función climática e hidrológica, constituyen un lugar cercano de esparcimiento y representan a menudo una reserva de abastecimiento energético, materiales de construcción y agua potable.

La asignación de terrenos para los servicios de abastecimiento o las posibilidades de empleo son objeto de atención en los siguientes capítulos:

Planificación de emplazamientos industriales

Servicios públicos (escuelas, servicios de salud, hospitales)

Precisamente la proximidad a los puestos de trabajo constituye a menudo un factor importante para la elección del emplazamiento.

Con frecuencia, el suelo edificable a precio asequible sólo está disponible en lugares distantes de las zonas urbanas, lo que implica no sólo una modificación del del uso del suelo, sino también el aumento de las necesidades de transporte y de los problemas inherentes. Estos terrenos eficables atraen espontáneamente, o de forma intencionada, otras actividades industriales y comerciales. En estos casos se necesitarán normas de uso y ocupación, que permitan controlar las posibles emisiones y los problemas del suelo.

La aparición de nuevas urbanizaciones provoca un desplazamiento de la demanda de agua, pero puede ocasionar también un aumento de dicha demanada, una mayor afluencia de aguas residuales y de residuos sólidos, así como la necesidad de disponer de una infraestructura apropiada para atender esta demanda. Obviamente se produce también un incremento del tráfico. En la planificación de nuevas urbanizaciones deberá tenerse en cuenta la capacidad de abastecimiento y saneamiento existente a nivel regional.

Los insectos, como transmisores de numerosas enfermedades, representan un gran peligro para la salud de los habitantes de estas áreas. Unas condiciones sanitarias deficientes, el estancamiento de aguas residuales y los depósitos abiertos de agua constituyen focos ideales para la reproducción de organismos dañinos. Algunas precauciones físicas permiten remediar esta situación a un costo inferior al que supone, p. ej., el empleo de productos químicos. Así, la recolección regular de residuos sólidos, el mantenimiento de las fosas de aguas residuales y el empleo de instalaciones sanitarias domésticas adecuadas (letrinas ventiladas) son medidas que contribuyen a reducir los riesgos para la salud. Una protección eficaz contra los insectos en el interior de los edificios se consigue, p. ej., mediante la instalación de mosquiteras en puertas y ventanas. En general, cabe destacar junto a la cuestión de la financiación de unas instalaciones adecuadas de abastecimiento y saneamiento, la importancia significativa que reviste el mantener oprerativas dichas instalaciones.

La higiene personal y doméstica es otro de los requisitos para reducir el riesgo de enfermedad. Además de las condiciones técnicas ya mencionadas, las campañas de divulgación acerca de la importancia de la higiene constituyen un elemento esencial para mejorar la situación sanitaria. A este respecto hay que tener en cuenta que, según el país, entre un 30 y un 60 % de los cabezas de familia de las viviendas situadas en barrios marginales son mujeres. En el interior de los edificios, las condiciones higiénicas más importantes se refieren a la preparación y conservación de los alimentos así como al grado de ocupación de la vivienda. En lo posible se preverán cocinas separadas, dotadas de sistemas apropiados -desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo- de suministro de agua y saneamiento.

La tenencia de animales es habitual en las áreas urbanas y representa una fuente adicional de ingresos. Sin embargo, los animales pueden ser también transmisores de enfermedades. Especialmente debe procurarse que los niños no entren en contacto con el estiércol y que los animales se mantengan alejados de las zonas de abastecimiento y evacuación existentes en los barrios como, p. ej., los vertederos.

El aire contaminado plantea igualmente un peligro para la salud humana. Las fuentes de contaminación en las áreas urbanas son el abastecimiento doméstico de energía (especialmente la combustión del carbón), la quema de desperdicios, la circulación vial y las emisiones industriales. Se pueden lograr mejoras significativas, por ejemplo, mediante una adecuada elección del emplazamiento en el caso de las nuevas urbaciones, o el análisis de las posibilidades de mejorar las condiciones climáticas locales (vegetación, ventilación) en el caso de los proyectos de rehabilitación.

El ruido, al igual que la contaminación atmosférica, también representa un riesgo para la salud, al que, sin embargo, no se le presta la debida atención. Las medidas técnicas de protección contra el ruido (p. ej., en los edificios) son muy costosas. Pero existen otras medidas, como el respeto de una distancia suficiente respecto al foco de emisión, o la instalación de muros para interrumpir el trayecto de propagación del ruido, que resultan adecuadas en los casos en que no sea posible eliminar la fuente causante o no se pueda reducir su intensidad.

Saneamiento de barrios

Los proyectos de saneamiento permiten renovar mesuradamente la apariencia de las ciudades. Se realizan para mejorar las condiciones de habitabilidad de los barrios de ocupación espontánea y marginales, evitando en lo posible el derribo y el desalojo de la población, y aprovechando las estructuras sociales y arquitectónicas existentes, con el fin de iniciar o acelerar el proceso de consolidación.

La insuficiencia de las condiciones sanitarias plantea un problema fundamental en muchos barrios existentes. Esta circunstancia convierte en objetivo prioritario la mejora de las condiciones higiénicas, que incluye, entre otras medidas, el mantenimiento y la extensión de un servicio de abastecimiento de agua, así como la evacuación regular de aguas residuales y residuos sólidos. Aunque estos proyectos implican primordialmente una mejora de la situación medioambiental en los barrios, es necesaria una planificación y control del funcionamiento de dichos servicios con el fin de evitar daños ecológicos. En los capítulos de la presente Guía que se indican a continuación se ofrece información detallada acerca del aspecto de la planificación:

Abastecimiento de agua en zonas urbanas

Disposición de aguas residuales y de lluvia, recogida, tratamiento, eliminación o evacuación

Disposición de residuos sólidos, recogida, tratamiento y eliminación.

La edificación concentrada de viviendas tiene un efecto ciertamente positivo sobre el costo de infraestructura, el consumo de suelo, etc., pero también conlleva problemas como, p. ej., una mayor escorrentía superficial con el consiguiente peligro de inundaciones, dificultad de abastecimiento de agua y evacuación de aguas residuales y residuos sólidos, agravamiento de las efectos de catástrofes naturales, deterioro del entorno de las viviendas y, por consiguiente, empeoramiento de las condiciones higiénicas.

Otro de los objetivos de los proyectos de saneamiento es la mejora de la calidad de la construcción. El nivel de degradación de los edificios antiguos, pero sobre todo de las viviendas de los barrios de ocupación espontánea, representa muchas veces un peligro para la salud. Debe darse preferencia al uso de materiales de construcción locales, cuya fabricación pueda tener efectos positivos sobre el empleo. En el caso de iniciativas de construcción propia se requiere una cierta flexibilidad en la aplicación de normas de planificación y construcción así como un asesoramiento en materia de construcción, con el fin de evitar riesgos y costos adicionales.

Entre las medidas destinadas a mejorar la dotación de infraestructura en estos barrios figura la construcción de vías de circulación, como calles, caminos, plazas, escaleras, etc. Estas obras ocasionan una extensión del terreno sellado y, consecuentemente, una mayor escorrentía de aguas superficiales, lo que obliga al drenaje de estas superficies. La incorporación de una infraestructura vial comporta un aumento del tráfico en zonas que hasta entonces eran poco transitadas. Para remediar esta situación se pueden introducir medidas reguladoras que limiten, p. ej., el tráfico motorizado particular, con el fin de evitar un aumento de las inmisiones. La aplicación de tales medidas entraña una dificultad adicional, debida a la relevancia que se le confiere al tráfico particular (véase el capítulo sobre "Planificación del tráfico").

En muchos casos habrá que actuar en el sentido de reducir los niveles de extensión, p. ej., evitando una viabilización total de las calles, y construyendo únicamente vías de acceso en cada bloque para los bomberos y el servicio de retirada de basuras.

Factores para la elección del emplazamiento y medidas de planificación

Los efectos ambientales producidos por los proyectos de construcción de viviendas están relacionados con la elección del emplazamiento, la lotificación de las superficies y el diseño de la infraestructura, así como con el tipo de vivienda. Además de las condiciones naturales, hay que incluir en este punto los efectos derivados de las actividades de planificación. En muchos casos, se puede partir del supuesto de que precisamente en los terrenos que se consideran inadecuados para la construcción de nuevas urbanizaciones, se encuentran ya poblamientos espontáneos (ilegales), y que por lo tanto necesitan un saneamiento.

Ciertos países están situados en zonas amenazadas por terremotos, erupciones volcánicas, inundaciones y corrimientos de tierras por erosión. La mayor parte de estos peligros naturales se conocen a nivel regional, pero pocas veces se anuncian con la anticipación suficiente. Una predicción con varios días de antelación es un caso excepcional, lo normal son unas pocas horas. Por ello es importante disponer de sistemas de control regionales, de medidas preventivas adecuadas, así como de conocimientos técnicos sobre protección y salvamento en caso de catástrofes.

Numerosas grandes ciudades, por su propia evolución histórica, se hallan especialmente expuestas a los peligros que implica su ubicación en desembocaduras o confluencias de ríos, en las depresiones de una cuenca o en los aledaños de un delta. En estos casos es importante que en la construcción de futuros barrios periféricos se prevean las posibilidades de una ubicación más favorable desde el punto de vista geomorfológico. Los terremotos, las erupciones volcánicas y las tempestades pueden ocasionar la destrucción de edificios e instalaciones de infraestructura, corrimientos de tierras, inundaciones o incendios, p. ej. por la destrucción de instalaciones eléctricas. Por esta razón, en los proyectos de construcción de viviendas deberán evitarse en lo posible los lugares expuestos al peligro de siniestros naturales. Cuando ello no sea posible o ya existan zonas edificadas, deberán adoptarse precauciones especiales en lo que se refiere al diseño arquitectónico y de la infraestructura, así como a la elección del tipo de vivienda. Consecuentemente, los barrios más poblados se ubicarán en las zonas menos expuestas, previendo siempre un acceso suficiente para los vehículos de salvamento. La infraestructura de servicios especialmente amenazados (abastecimiento de agua, alcantarillado, tendido eléctrico) debe concebirse de forma que resista los posibles riesgos de acuerdo a las normas de calidad locales, si existen; ello puede suponer un costo adicional considerable.

Los edificios deben tener estructuras resistentes. En la medida de los posible, se intentará incorporar tales estructuras a los edificios ya existentes, p.ej., mediante la instalación de marcos de madera y techumbres fijas sin cantos incisivos. En caso de tempestad, los techos volados de chapa cortante representan un peligro adicional. Estas medidas deben someterse en cualquier caso a un estudio de costos, especialmente en los edificios ya existentes.

Los terrenos accidentados ofrecen sin duda una mejor protección contra inundaciones, pero en ellos existe el peligro de desprendimiento de tierras y aludes de barro. Muchos asentamientos espontáneos se encuentran ubicados precisamente en pendientes, en zonas de erosión y en las márgenes de los ríos. En estos casos deberá valorarse el costo económico que implica la minimización de los riesgos en comparación con la elección de un emplazamiento alternativo. En los edificios situados en pendientes pronunciadas se instalarán dispositivos de anclaje y sujeción apropiados.

La edificación sobre suelos rocosos plantea problemas de desagüe. El tendido de una red subterránea de abastecimiento comporta un costo elevado. La instalación de sanitarios resulta aún más dificil por la necesidad de emplear maquinaria especial.

La construcción en suelos pantanosos o en zonas litorales implica mayores costos (construcciones elevadas), por lo que es preferible evitar este tipo de terrenos. Los terrenos pantanosos requieren una operación previa de desecación o relleno. Aparte de las consecuencias ecológicas que ello implica, estos trabajos ocasionan costos adicionales por el empleo de maquinaria especial y las posibilidades de realizarlos a través de medidas de autoayuda son limitadas. Por otro lado, plantean considerables problemas higiénicos.

Junto a los inconvenientes ligados a la naturaleza de los suelos, los terrenos contaminados (antiguas fosas de residuos, vertederos o áreas industriales abandonadas) representan un problema especial para el emplazamiento de viviendas. Los riesgos que entrañan estas zonas son de diversa índole: deformaciones del terreno como consecuencia de una compactación insuficiente, incendios o explosiones por acumulación de metano, malos olores o contaminación del agua. La utilización de estos terrenos para proyectos de construcciones ligeras o de saneamiento de las edificaciones existentes, deberá someterse a un análisis exhaustivo de los riesgos potenciales.

Las inundaciones son fenómenos estacionales, producidos por las fuertes precipitaciones, aunque también por tempestades, cuyos efectos se ven agravados por la impermeabilidad del suelo en las zonas urbanizadas. Las consecuencias de las inundaciones son la contaminación del agua potable, el desbordamiento de los canales de evacuación, la erosión del terreno, el deterioro de los edificios, la multiplicación de focos de plagas y, en caso extremo, la muerte de personas. Los terrenos periódicamente inundados, si bien son económicos, exigen costosas inversiones en obras de drenaje y protección. Un drenaje inadecuado puede acarrear la contaminación de las aguas subterráneas. Las canalizaciones al aire libre, de fácil instalación para el agua superficial, pueden bloquearse fácilmente por el aporte de sedimentos, la proliferación de plantas y la acumulación incontrolada de residuos sólidos. Por esta razón y por motivos sanitarios, es necesaria la limpieza permanente de los desagües. La construcción sobre plataformas o pilares ofrece una alternativa para proteger algunos edificios contra los efectos de las inundaciones.

Los vectores de enfermedades infecciosas (a través de los excrementos humanos o de animales y de las aguas residuales), los productos químicos tóxicos (producidos por la industria local) o los componentes naturales con elevado contenido de sales o metales, son fuentes de contaminación del agua. Las técnicas de depuración en estos casos son conocidas, pero muchas veces económicamente inviables por los elevados costos de operación que implican. Es importante evitar la contaminación del agua potable en la fuente, conducciones y puntos de distribución.

La atribución de superficies en el marco de planes de zoneamiento es un elemento esencial en la consideración de los aspectos ecológicos de los proyectos de construcción de viviendas. Es posible en muchos casos atenuar los problemas de inmisiones evitando o reduciendo al mínimo las actividades que se perturben mutuamente o, en el caso de rehabilitación, suprimiéndolas totalmente. Una elección acertada del emplazamiento para las instalaciones o servicios comunitarios, con la correspondiente planificación de la capacidad de transporte en cada punto, contribuye a reducir las necesidades de transporte y, por lo tanto, el consumo de energía y el nivel de inmisiones.

La densidad de construcción es un factor esencial en los proyectos de construcción de viviendas, que entraña a su vez problemas ecológicos. Cuanto mayor sea la densidad, menos espacio libre quedará para zonas verdes, árboles u otra vegetación. Este hecho tiene repercusiones sobre el clima local, la hidrología y la calidad del aire. La creación de zonas verdes es un medio eficaz para mejorar la situación ambiental de las áreas urbanizadas, sobre todo en los climas cálidos y húmedos. Pero también implica costos, en la medida en que estas zonas verdes ocupan suelo edificable y exigen una serie de cuidados para mantener la función que les corresponde.

La tala de los árboles que pueblan la superficie destinada a un proyecto de construcción de viviendas es una práctica frecuente en la fase inicial de estos proyectos, pero que debe ser evitada en lo posible.

En la construcción de edificios destinados a vivienda y a otros fines deben tenerse en cuenta los principios de diseño climático basados en la ventilación natural. En caso de que sea imprescindible instalar sistemas de climatización, deberá procurarse el empleo de sustancias exentas de clorofluorocarbonos (CFC).

La utilización de energía en los hogares depende de los ingresos y recursos disponibles. En las familias de ingresos altos y medios. la electricidad y el gas envasado son las formas más frecuentes de consumo energético. En zonas con ingresos bajos están muy difundidas las fuentes tradicionales de energía, como la leña, el querosén, el carbón vegetal, los desechos o el estiércol. Estos combustibles constituyen una fuente importante de contaminación atmosférica. El uso de leña o carbón vegetal es una de las causas principales de la deforestación y de la erosión resultante. Una alternativa fundamental a estos combustibles la ofrece la energía solar, que puede aprovecharse para calentar, cocinar, o suministrar energía eléctrica a través de células solares. En este campo existe un enorme potencial, incluso para las zonas urbanas (véase también el capítulo sobre "Energías renovables").

Para evitar cuellos de botella, actuales o potenciales, en el suministro de materiales de construcción, y para elevar la productividad en la construcción de viviendas con una reducción simultánea de los costos, es preciso considerar cuidadosamente los materiales y las técnicas de construcción que deben aplicarse. Las cubiertas metálicas, p. ej., son de fácil instalación y mantenimiento, pero plantean problemas de climatización en los edificios y exigen la disponibilidad de divisas en caso de que deban ser importadas. La utilización de materiales locales adaptados contribuye a mejorar las condiciones de vivienda y a reforzar la economía local. El empleo de estos materiales, no obstante, tiene sus límites en el momento en que suponga una expoliación de los recursos locales o entrañe un riesgo para la salud, p. ej., cuando se utilizan materiales que contienen amianto. Aunque es muy difícil que los proyectos puedan influir en la elección de productos, es importante agotar todas las posibilidades que existen en este campo.

La calidad estética y la adaptación de los edificios y locales a las características culturales de la población son factores esenciales que pueden tener repercusiones sociales. Los estudios sobre los valores culturales, los hábitos de vida y las necesidades espaciales y funcionales del grupo meta (ordenación y distribución de las diversas actividades -vivienda, comercio, actividades religiosas- que incluye el barrio, pero también estructura funcional de las viviendas) ofrecen una referencia útil para configurar los proyectos.

El modificación del uso de un territorio siempre conlleva efectos sobre las zonas colindantes. Este hecho debe tenerse en cuenta para adoptar las medidas preventivas necesarias. Por ejemplo, deben protegerse las áreas amenazadas por la erosión situadas en las proximidades de nuevas urbanizaciones, o las áreas de bosques próximas a los asentamientos que utilizan formas de energía tradicionales.

Entre todos los miembros de la familia, las mujeres -frecuentemente en el papel de cabeza de familia- son las que más tiempo dedican al trabajo doméstico y las primeras beneficiarias de las mejoras en materia de vivienda. Por esta razón, deben tenerse especialmente en cuenta sus intereses a la hora de planificar y ejecutar las obras.


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