Los dos sistemas más antiguos que ha utilizado el hombre para disponer la
basura han sido el vertido incontrolado y su quema. Hasta finales del siglo
XIX, no se pusieron los primeros elementos de lo que hoy se conoce como la
gestión de los residuos.
Durante siglos, el hombre transportó, progresivamente de una manera más organizada,
las basuras hacia las áreas distantes de las ciudades. Lentamente, el hombre
se dio cuenta de la importancia de su recogida, transporte y disposición.
En 1906, en los Estados Unidos, Parsons escribió un libro con el título: "La
Disposición de los Residuos Municipales", tratando el tema de las basuras
desde el punto de vista de la ingeniería por primera vez.
Los problemas con ratas, quemas indiscriminadas, etc., fueron la razón del
cambio radical en la manera de disponer las basuras a principios del siglo
XX. En 1904, la ciudad de Champlain (Illinois), comenzó por enterrar a diario
sus basuras. Rápidamente, otras ciudades como Columbus, Ohio (1906) y Davenport,
Iowa (1916) adoptaron este sistema. Pero es en el año 1930, cuando el término
relleno sanitario se usa por primera vez en la ciudad de Fresno (California):
significó la cubierta diaria de los residuos y la supresión de su quema.
La incineración, que no hay que confundir con la cremación o quema de residuos,
tiene su origen en Europa, con más de cien años de existencia; su historia
empezó con la instalación del primer "destructor" de residuos municipales
en la ciudad inglesa de Nottingham en 1874. En EE.UU. la primera instalación
se realizó en "Governor's Island" en Nueva York, y en 1921 ya había
más de 200 unidades instaladas.
Los hornos de incineración para residuos de origen industrial derivan de los
hornos para los residuos municipales. Los primeros hornos rotativos fueron
instalados en Alemania. En EE.UU. no fue hasta el año 1948, en las instalaciones
de Dow Chemical Company en Midland (Michigan) (Dempsey y Oppelt 1993).
El compostaje se basa en el proceso de fermentación aeróbica, aplicable únicamente
a la fracción biodegradable de la basura. Los primeros estudios de aplicación
de este proceso a los residuos municipales se iniciaron en Estados Unidos
a principios de los años veinte. Las primeras plantas se instalaron, tanto
en Europa como en Estados Unidos en los años cuarenta. Hoy día, constituye
una tecnología conocida, desarrollada y en proceso de renovación y expansión.
La digestión anaerobia (biometanización), también aplicable únicamente a la
fracción biodegradable de la basura, uno de los procesos de tratamiento de
desarrollo más reciente, es una de las tecnologías que ha recibido mayor atención
en los últimos veinticinco años, siendo en Estados Unidos donde se iniciaron
las investigaciones en el campo de la biometanización de los residuos municipales
sin selección previa. En Europa, el interés en la aplicación de esta tecnología
apareció más tarde, al principio de los años 80. Fue durante esta época cuando
surgieron las primeras patentes y las primeras plantas de demostración, y
es ya en los años 90, cuando surgen plantas de dimensión industrial.
En la actualidad, se entiende por gestión y tratamiento de residuos el conjunto
de operaciones encaminadas al aprovechamiento de los recursos materiales y
energéticos contenidos en ellos o a la disposición de una forma ambientalmente
segura de los mismos o de la parte de los mismos imposible de aprovechar.
Los sistemas actualmente más utilizados para el tratamiento y disposición
de los residuos municipales, de forma individual o bien en instalaciones con
sistemas integrados, son:
- recogida selectiva en origen y reciclado directo
- plantas de selección y recuperación de materiales
- plantas de fermentación aeróbica (compostaje)
- plantas de fermentación anaeróbica (metanización)
- plantas de incineración con y sin recuperación de energía
- vertedero controlado
También existen experiencias limitadas, de su tratamiento mediante pirólisis
y gasificación, desde los años 70. Dada la problemática de los residuos, en
los últimos años se está haciendo un esfuerzo importante de buscar sistemas
de tratamientos alternativos a los sistemas tradicionales, con una orientación
de los mismos a potenciar los aspectos de reciclaje y recuperación de los
materiales contenidos en las basuras.
Es también necesario señalar que, en los últimos años, a escala mundial, ha
habido un aumento de la cantidad de basuras producidas y de variación de la
composición de las mismas, algunas causas de este incremento de las cantidades
y de la variación de su contenido son:
Cantidad:
- Crecimiento urbano
- Mayor número de consumidores
- Mayor consumo
Composición:
- Más embalajes
- Más envases de usar y tirar
- Más consumidores individuales vs familiares
- Mayor número de mujeres trabajando
- Más autoservicio
- Más conservas y congelados
· Mayor poder adquisitivo
La CEE adoptó una estrategia comunitaria para la gestión de los residuos con
respecto a las actuaciones en este sector, de acuerdo con el siguiente orden
jerárquico de actuación (Comunicación de la Comisión al Consejo y al Parlamento
Europeo: Una Estrategia Comunitaria para la Gestión de los Residuos. SEC(89)
934 final, Bruselas 18.9.1989; y Resolución (90/C122/02) del Consejo de 7.5.1990,
sobre la política en materia de residuos (DOC 122 18.5.1990)):
1. Prevención, tanto en la producción como en los productos.
2. Fomento del aprovechamiento, reciclaje y reutilización.
3. Reducción al mínimo de la eliminación final.
4. Reglamentación del transporte.
5. Acciones para poner remedio ("remedial").

Ratificada y complementada recientemente mediante la RESOLUCIÓN del CONSEJO
de 24.2.1997, sobre una Estrategia Comunitaria para la Gestión de
los Residuos (1997):
- Dónde se confirma la jerarquía de principios de disposición
- Preferencia de la valorización material sobre la energética
- Principio de proximidad
- Principio de autosuficiencia
- Necesidad de disponer de datos adecuados (estadística sobre
residuos)
- Prevención: tecnologías y productos limpios y reutilización;
- Aprovechamiento: reciclado y transformación de materiales
y aprovechamiento energético;
- Eliminación: perfeccionamiento de la explotación de los
vertederos y de la incineración, preferentemente combinada con el aprovechamiento
energético:
- Transporte: reducción al mínimo y control de los traslados
de residuos;
- Acción reparadora: rehabilitación de emplazamientos contaminados.
- Tanto las disposiciones legislativas sobre residuos adoptadas
desde el año 1989, como el Quinto Programa Marco sobre Medio Ambiente [1993-2000]
se inspiran en estos conceptos principales. Que son también los conceptos
que inspiran los principios de la Convención de Basilea (1989), adoptados
por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para
controlar el transporte transfronterizo de residuos.
Incineración
de residuos municipales
El término de incineración se puede definir de diferentes modos, pero básicamente
se refiere a la combustión de sustancias orgánicas mediante un proceso de
oxidación química. Cuando la oxidación se realiza de forma rápida, la temperatura
del material aumenta rápidamente debido a la incapacidad para transferir el
calor generado hacia el exterior tan rápidamente como se está produciendo.
Como resultado, se emite radiación visible, a la cual nos referimos, como
la llama.
Como se ha indicado, la incineración de los residuos municipales, tal y como
se concibe hoy día, tiene sus comienzos a finales del siglo pasado, quemándose
en aquella época unos residuos domiciliarios que contenían cantidades significativas
de restos de carbón. Muchas de aquellas instalaciones operaban pobremente
y tenían un sistema de alimentación a cargas, alguna tenía un sistema de recuperación
de vapor.
Sin embargo, tras la crisis posterior a la Primera Guerra Mundial, la incineración
deja de utilizarse, a causa del su empobrecimiento energético de la basura.
Para cobrar un nuevo interés posteriormente, debido tanto a las nuevas técnicas
de combustión y de depuración de los gases de combustión, como a la evolución
favorable de la composición de las basuras desde el punto de vista energético.
Hasta el año 1950, el incinerador y su acompañante humo, se aceptaba como
un requisito inevitable y se consideraba su funcionamiento de la forma más
barata posible. Sin embargo, cuando los humos de una chimenea dejaron de ser
un símbolo de prosperidad y las normativas sobre contaminación del aire empezaron
a emerger, en los años sesenta y setenta, la incineración como sistema mejoró
drásticamente. Estas mejoras incluían una alimentación en continuo, mejoras
en el control de la combustión, el uso de cámaras múltiples de combustión,
la recuperación de la energía de forma sistemática y la aplicación de sistemas
de depuración para los gases de combustión.
Pero es a finales de los años 80, cuando la incineración de residuos, recibe
un nuevo impulso, al desarrollarse sistemas mejores de combustión, de control
y tratamiento de los gases de combustión, que permiten avanzar hacia una situación
cercana a la emisión a la atmósfera quasi-nula y convertirse en un sistema
de tratamiento de residuos ambientalmente seguro, y con unos mejores rendimientos
energéticos de funcionamiento, al tener que hacer frente a los nuevos retos
ambientales, a su aceptación pública y a unas normas legales mucho más estrictas.
La incineración es utilizada actualmente de forma amplia en los países desarrollados
como uno de los sistemas de tratamiento de los residuos municipales (véase
la tabla 1). Ha habido ciudades, como es el caso de París, que han usado este
sistema desde principios del siglo XX de una forma continuada e intensiva.

La incineración de residuos municipales puede realizarse con o sin la recuperación
del calor generado en la combustión. Pero sin recuperación de calor no tiene
sentido, salvo en determinados casos muy particulares. La dimensión mínima
para que la instalación de incineración de este tipo de residuos con recuperación
de energía salga adecuada se sitúa a partir de las 140-150 t/día. El calor
liberado puede ser aprovechado para la:
- Producción de energía eléctrica mediante vapor;
- Producción de vapor para su venta directa;
- Producción de agua caliente para calefacción.
Consiste, pues, en un proceso de combustión controlada que transforma las
basuras en gases de combustión, escorias y cenizas:
una en estado gaseoso, formado por los gases de combustión, del orden del
73% de la materia entrada, y dos en estado sólido, constituida por 1) las
escorias (ª25%) y 2) las cenizas (ª2%), o los sólidos de depuración (ª4-5%),
en función del tratamiento adoptado para la depuración de los gases de combustión.
El marco legislativo
En junio del año 1989, la Unión Europea adopta para este tipo de instalaciones
dos directivas, al objeto de prevenir la contaminación atmosférica, tanto
a nivel de los límites de emisión a la atmósfera como de las condiciones de
control del proceso de combustión, y de las condiciones de monitorización
de la instalación. Son la Directiva 89/369/CEE para las nuevas instalaciones
y la Directiva 89/429/CEE para las instalaciones existentes
La adopción de estas directivas supone un proceso de modernización de las
instalaciones de incineración de residuos en el contexto europeo, tanto para
las nuevas instalaciones, como para la adaptación de las existentes, que terminó
aproximadamente en el año 1997. Estas directivas implican también la extensión
de la normativa alemana del año 1986 para este tipo de instalación al conjunto
de la Unión Europea. Aunque Alemania, modificó su normativa durante el año
1990, adoptando límites y condiciones más exigentes.
En diciembre de 1994, la UE adopta la Directiva 94/67/CE relativa a la incineración
de residuos peligrosos, que implica también la extensión de la normativa alemana
del año 1990 para la incineración de los residuos peligrosos al conjunto de
la Unión Europea
Finalmente, el año pasado, la UE adoptó la Directiva 2000/76/CE relativa a
la incineración de residuos, que actualiza las anteriores, y que no hace distinción
entre la incineración de residuos municipales y peligrosos. Tiene que ser
incorporada al derecho interno de los estados miembros antes del 28 de diciembre
de 2002. Tiene prevista su entrada en vigor para las nuevas instalaciones
en diciembre del año 2002 y para las instalaciones existentes en diciembre
de 2005. Esta directiva implica los límites de emisión a la atmósfera más
exigentes que existen hoy en día a escala mundial para cualquier tipo de instalación.
Implica también la adopción de límites de emisión para los óxidos de nitrógeno
y una reducción sustancial en la emisión de metales pesados. De nuevo, también
supone, extender a toda la UE la normativa alemana de incineración.
En la tabla 2 se puede ver la importante evolución de reducción que los valores
límites de emisión han tenido en la UE en los últimos 25 años.
En Estados Unidos, la primera legislación específica data del año 1970, e
implica límites de emisión exclusivamente para la emisión de partículas. La
segunda data del año 1990, y esta actualmente en vigor, siendo menos exigente
que la legislación de la UE. En el año 1994, se publicó el borrador de una
nueva legislación que no ha sido adoptada todavía.
Para ilustrar el efecto progresivo de estas reducciones en los valores límites
de emisión, se ha calculado cual sería la dispersión que tendrían estas emisiones
para un incinerador de basuras de 1000 t/día; así como la capacidad de depuración
de las actuales tecnologías de depuración de los gases de combustión. Como
contaminante se han considerado las partículas en suspensión, que es donde
están asociadas la mayor parte de las dioxinas que se emiten. Puede verse
fácilmente, el avance que representó la legislación del año 1989, y que, con
la legislación del 2000 y la tecnología actual, que ya se está aplicando,
se está frente una situación de emisión quasi-nula.
Tecnologías
de incineración
La incineración de residuos requiere una gran atención al nivel de dominio
de las condiciones de combustión. Una buena combustión se rige por la regla
llamada de las "3 T": temperatura, tiempo de residencia y turbulencia.
Estos parámetros generalmente se fijan en el momento de la concepción del
horno, pero el que lo explota conserva el dominio de la temperatura haciendo
variar la carga térmica, y el dominio del caudal de aire de combustión. La
mala regulación de uno de estos parámetros puede generar condiciones inadecuadas
de funcionamiento.
Debido a la composición heterogénea de la basura doméstica, el proceso de
combustión se desarrolla en condiciones de exceso de aire (la legislación
exige un mínimo del 6% de oxígeno en exceso). Durante la combustión, el carbono
que contiene la basura se transforma en CO2. De esta forma, un defecto de
oxígeno podrá generar monóxido de carbono (CO) por combustión incompleta del
carbono. De la misma forma, un defecto de oxígeno provocará la generación
de partículas inquemadas y productos incompletos de combustión (PIC).
Para la aplicación de este sistema de tratamiento, es necesario que los mismos
posean un poder calorífico inferior, superior a las 1400 kcal/kg, a fin de
asegurarse la autocombustión. En los incineradores de pequeña capacidad, hay
que incorporar combustible adicional, que suele ser habitualmente fuel-oil
o propano, aunque también se utiliza GN.
Para ello, los residuos urbanos son descargados en una fosa de almacenamiento
temporal, en depresión atmosférica respecto al exterior al objeto de evitar
la aparición de malos olores en las zonas próximas a la instalación. Posteriormente,
son conducidas a un horno en donde se queman a una temperatura mínima de 850
ºC, durante al menos 2 segundos. en presencia de un 6% de oxígeno, como mínimo
después de la última inyección de aire de combustión.
Los elementos y equipos principales que configuran un incinerador de residuos
domésticos son los siguientes:
a) una zona de descarga y almacenamiento;
b) una zona de alimentación del horno, mediante una tolva, normalmente;
c) un horno y su cámara de combustión para asegurar una completa destrucción
de los compuestos orgánicos;
d) zona de recogida y extracción de escorias;
e) un sistema de refrigeración y la caldera para la recuperación de
energía (en incineradores con capacidad > 140 t/día);
f) una zona de depuración de los gases de combustión;
g) una zona de almacén de escorias y cenizas, u otros productos recogidos
en los procesos de depuración;
h) y la zona final de evacuación de los gases depurados a la atmósfera
(ventilador y chimenea).
El horno no sólo constituye el elemento soporte de la combustión (bien sea
mediante parrillas o mediante horno rotativo), sino que también, produce el
avance de las basuras y su volteo, permitiendo la mezcla del aire primario
con los residuos a fin de garantizar una buena mezcla del combustible y del
comburente.
En la zona del horno se pueden considerar tres fases:
1) fase de secado, su duración depende del calor radiactivo existente,
del grado de mezcla de la basura y de su aeración;
2) fase de combustión propiamente; y
3) fase de terminación o postcombustión, la parrilla esta recubierta
de las escorias.
La cámara de postcombustión tiene como funciones principales:
- permitir la mezcla íntima entre el aire y los gases parcialmente quemados,
a fin de obtener una combustión completa.
- por radiación, calentar y secar las basuras y permitir,
por su gran inercia térmica, el mantenimiento de la temperatura necesaria
para la correcta combustión de los gases.
Entre los tipos de hornos para residuos municipales se pueden señalar esencialmente:
· Hornos de parrilla (de avance, de rodillos, etc.)
· Hornos rotativos
- Lecho fluidizado: está tecnología es muy utilizada en Japón, en Europa
es especialmente Suecia donde más se ha aplicado (es un procedimiento avanzado
utilizado en plantas termoeléctricas de carbón pulverizado, lodos y en la
combustión de biomasa).
En los gases de combustión de la incineración de residuos urbanos se pueden
encontrar:
- gases tales como el CO2, H2O, N2 y el oxígeno no utilizado
en la combustión;
- partículas de polvo más o menos finas cuya concentración
antes de su depuración es del orden de 5 a 10 g/Nm3. Estas partículas de
polvo están constituidas esencialmente por sales minerales o metálicas,
y en ocasiones por partículas inquemadas;
- gases procedentes de la composición de los residuos incinerados, principalmente
se trata de cloro, ácido clorhídrico, óxidos de azufre y de nitrógeno, y
de compuestos orgánicos inquemados.
El contenido en agua de los residuos a veces es muy importante, del orden
de 50%. Esta agua, que constituye un lastre térmico, ya que consume calorías
en su evaporación, pero tiene influencia sobre los equilibrios químicos implicados
en las reacciones de combustión. De esta forma, cuanto más aumentan la concentración
del vapor de agua y la temperatura, más disminuye la concentración en cloro
gaseoso, debido al equilibrio de DEACON.
Las escorias (cerámicas, tierras, vidrio, objetos metálicos, etc.) se suelen
enfriar con agua y se extraen del foso de descarga mediante transportadores
continuos. Están formadas, principalmente, por óxidos metálicos y silicatos,
además de cantidades menores de carbonatos, cloruros y sulfatos, así como
aluminio, calcio, sodio, y hierro. La fracción metálica férrica contenida
en las escorias se debe extraer y reciclar, mejorando la manejabilidad y utilización
posterior de la fracción de escorias restante.
El reciclaje de la fracción férrica es elevado, en cambio el reciclaje del
grueso de las escorias también se recicla en los distintos países europeos,
pero en porcentajes más limitados (50% Francia y Alemania, 70% Dinamarca,
y 100% Holanda).
Las cenizas o residuos de depuración están compuestas también, en gran parte,
de óxidos metálicos y silicatos. Tienen la consideración de residuos peligrosos
y deben ser depositados en un vertedero controlado. Estamos hablando de un
2-4% de la cantidad de residuos incinerados.
En la primera generación de incineradores de residuos urbanos (años sesenta),
se emplearon como sistemas de depuración de los gases de combustión: filtros
electrostáticos (mayoritariamente) y torres de lavado (en menor cantidad).
Estos sistemas eran claramente insuficientes como sistemas de depuración de
los gases de combustión.
En los incineradores de segunda generación (esencialmente a partir de finales
de los años ochenta), los sistema de depuración de los gases de combustión
a utilizar para alcanzar los límites establecidos en algunos países europeos
(Alemania, Holanda, p.e.) y en la Directiva de la CEE, son varios:
- Procesos de lavado en seco. Los lavados por vía seca, se
realizan mediante la inyección de cal en un reactor, con posterior filtración
en un filtro electrostático o de mangas.
- Procesos de lavado semisecos (o semihúmedos). En los procesos
de lavado semisecos (o semihúmedos), la cal es utilizada en forma de lechada,
lo que permite una mejor reactividad de la cal y un enfriamiento de los
gases por enfriamiento de los gases por evaporación del agua de dilución
de la cal. Los sistemas de filtración son los mismos.
- Procesos de lavado por vía húmeda. Se descomponen en dos
fases: a) tratamiento de las partículas en suspensión mediante filtros electrostáticos,
y b) tratamiento de los gases mediante columnas de absorción.
En el diseño de las calderas de recuperación es fundamental la selección
del tipo de caldera a utilizar, en función de los requisitos de operación
(balance térmico de la instalación), y los espacios disponibles. El objetivo
debe ser garantizar un funcionamiento factible y continuo de la caldera, con
el óptimo aprovechamiento del calor de los gases de combustión y con un mínimo
consumo energético de los equipos auxiliares, cumpliendo, a su vez, con las
limitaciones impuestas en las emisiones a la atmósfera.
Son esencialmente dos los factores que determinan el aprovechamiento del calor
generado en proceso de incineración:
- La recuperación del calor para la generación de la corriente
eléctrica, de vapor de producción o de vapor de calefacción con el fin preliminar
de recuperar el potencial energético que tienen ciertos residuos y además
reducir los costes de explotación de las propias plantas de incineración.
- El enfriamiento de los gases de combustión producidos en
el horno a temperaturas aceptables para su depuración y descontaminación
posteriores.
Un balance térmico promedio en un incinerador puede tener los siguientes
valores, base de cálculo respecto al 100% de la entrada:
- 18% de pérdidas en la zona de combustión y caldera
- 0,8 % de pérdidas en el turbo generador
- 48,2 % en la refrigeración (aerocondensador)
- 6% autoconsumo
- 27 % producción de energía eléctrica
Emisión de dioxinas
En todos los procesos de combustión, cuando hay presencia de átomos de cloro,
pueden producirse dioxinas, en mayor o menor cantidad según tenga lugar dicho
proceso. La incineración de residuos municipales fue, con anterioridad a los
años noventa, una de las principales fuentes de emisión de dioxinas, pero
dada la exigencia legal de limitar su emisión y la adopción de medidas tecnológicas,
hoy en día su emisión se ha reducido fuertemente (véase la tabla 3, en pág,
36). Las emisiones de dioxinas en los incineradores españoles ha disminuido
en un factor de 17 entre el año 1997 y 1999.
Ventajas e inconvenientes
Las plantas de incineración de basuras presentan frente a los otros sistemas
de tratamiento de residuos urbanos las siguientes ventajas:

- Recuperar la energía térmica contenida en las basuras, obteniendo
vapor y/o electricidad
- Reciclar del orden del 20% de los materiales quemados (escorias)
- Importante disminución del volumen de las basuras (= 90
%)
- Importante reducción del peso de las basuras _(= 75 %)
- Costos operacionales moderados o bajos en el caso de incinerar
con recuperación de energía
- Limitada utilización de terrenos
- Puede tratar cualquier tipo de residuo si su poder calorífico
es adecuado
- Permite el reciclaje de los materiales férricos contenidos
en las basuras
- Permite la reutilización de las escorias como material en
la construcción de carreteras
Como inconvenientes se pueden considerar:
- No supone un sistema de disposición total, precisa un acondicionamiento
para las escorias (si no son recicladas) y especialmente para las cenizas
sólidos de depuración
- Alta inversión económica inicial
- Costos operacionales elevados en el caso de incinerar sin
recuperación de energía
- Exposición a paros y averías
- Limitada flexibilidad para adaptarse a variaciones estacionales
de la generación de residuos, o necesidad de un sobredimensionamiento
- Necesita de sistemas de control y prevención para los gases
de combustión
- Limitada aceptación pública
Otros sistemas de tratamiento de tratamiento: el compostaje y la biometanización,
tienen el grave inconveniente de que sólo se pueden aplicar a determinadas
fracciones de la basura, a la fracción biodegradable, que se puede cuantificar
como del orden del 40% del total actualmente en nuestro país. En consecuencia,
aun considerando las fracciones directamente reciclables, todavía puede quedar
una fracción del orden también del 40% para disponer.
Fracción que, como se le ha extraído la parte más húmeda, aunque también es
verdad que se le han retirado fracciones combustibles, ha aumentado su poder
calorífico (alrededor de los 2300 kcal/kg). En consecuencia, no tiene mucho
sentido que esta fracción residual sea vertida cuando puede ser aprovechada
energéticamente, y consume, además, menos territorio.
De hecho, pueden compararse distintos modelos de gestión de residuos municipales,
en lo que respecta al potencial de cada uno de ellos para su contribución
a la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero (véase la figura
3, en pág. ). Se observa claramente que los modelos de gestión integrados
son los que presentan un menor factor de emisión, especialmente cuando se
incorpora en ellos la incineración de la fracción residual.
Conclusiones
Conviene señalar que las críticas que se han hecho y continúan haciéndose
a la incineración de residuos, tenían su justificación en las instalaciones
que funcionaron hasta finales de los años ochenta, pero a partir de ese momento,
especialmente en la Unión Europa por la adopción de límites estrictos de emisión
a la atmósfera, han perdido razón de ser.
Así bien, puede afirmarse que la incineración de residuos es la actividad,
tanto industrial como de infraestructura, está sometida a los más exigentes
límites de emisión a la atmósfera.
Teniendo en consideración el fuerte proceso de urbanización a que la humanidad
esta sometida en este momento, y que todas las perspectivas indican que en
este siglo que acaba de comenzar deberá intensificarse, la incineración constituye,
hoy en día, una de las alternativas claras que existen para la gestión de
los residuos.
Aunque su uso debe considerarse no como la solución, sino como un elemento
base dentro de un sistema integrado de gestión de residuos municipales, aprovechando
las ventajas que los diversos sistemas de tratamiento de basuras ofrecen,
e intentado obviar los inconvenientes de cada uno de ellos.
Otro aspecto importante a considerar, no solo en la incineración, sino todos
los sistemas de tratamiento de basuras, es que deben responder a los máximos
criterios de una gestión de calidad.
José María Baldasano Recio
Catedrático de Ingeniería AmbientalUniversidad Politécnica de Cataluña
(UPC)