Hay muchas empresas cuyos trabajadores desarrollan su tarea preferentemente
sobre la vía pública conduciendo vehículos
de motor. Y resulta paradójico que esas empresas al presentar
sus planes de evaluación de riesgos laborales lo hagan refiriéndose
sólo a los centros de trabajo donde tienen sus oficinas o
sus almacenes, dejando sin estudio y sin mención aquellos
puestos de trabajo que originan una mayor y más grave accidentalidad
cuales son los de la conducción de vehículos sobre
la vía pública, una tarea que no solamente no es evaluada
sino, en muchos casos, ni tan siquiera considerada. Es un aspecto
que, evidentemente, tarde o temprano, habrá que abordar.
Sería sumamente limitado, de otra parte, hacer un planteamiento
de análisis de los riesgos viales dedicado exclusivamente
a las empresas de transporte de mercancías o de viajeros
por carretera, aunque ellas constituyen el sector por excelencia
cuyo centro de trabajo con mayor riesgo es la vía pública
y el lugar de trabajo, el habitáculo del vehículo.
Esa consideración, en la práctica, frecuentemente
se confunde con una sola modalidad del transporte por carretera
cual es el transporte de mercancías peligrosas, única
modalidad que ha conseguido una especial consideración a
nivel europeo con la creación de la figura del Consejero
de Seguridad, no ampliado por el momento al transporte de las demás
mercancías.
No sería adecuado trazar las líneas generales de
una evaluación de riesgos viales que no pudiera aplicarse,
además del puesto de trabajo del conductor de camión
o de autocar o autobús, a los taxistas, tractoristas, conductores
de maquinaria especial, distribuidores, repartidores, mensajeros
e incluso agentes comerciales, todo ello sin perjuicio de llegar
a ampliarlo o a concretarlo aun más a los conductores de
vehículos de servicio público urgente o especial como
bomberos, policía o ambulancias, o a los que trabajan en
la obra civil de construcción, mantenimiento, explotación
o gestión de vías públicas, sean privadas como
las autopistas de peaje o públicas como las carreteras o
calles convencionales, sin olvidar finalmente a aquellos trabajadores
que están vinculados a la formación o examen de los
aspirantes a la obtención del permiso de conducir como los
profesores de autoescuela o de formación vial o incluso los
propios examinadores de conducir. Sectores productivos y de servicios
como la hostelería, la banca y la sanidad presentan riesgos
viales relativos muy importantes en jornada de trabajo.
Todas las empresas, en cualquier caso, tienen una parte permanente
de riesgo vial en lo que se refiere a los riesgos de accidente "in
itinere" que, cabe recordar es la modalidad de accidente mortal
más frecuente entre los accidentes laborales.
Un Plan de Evaluación de Riesgos Viales conviene plantearlo
teniendo en consideración la planificación establecida
por William Haddon separando los riesgos de la Vía, del Vehículo
y de la Persona, y dentro de cada uno de ellos, es recomendable
tratar la prevención del accidente (con efectos ANTES del
accidente), la prevención de las consecuencias del accidente
o protección (con efectos DURANTE el accidente) y la prevención
de la curación de las víctimas (con efectos POSTERIORES
al accidente). Este modelo de prevención es sumamente completo
y ordenado y por lo tanto sumamente recomendable de utilizar.
El siguiente paso para efectuar un estudio completo de evaluación
de riesgos viales está en incardinar el modelo anterior en
las 4 especialidades de la prevención de riesgos laborales,
distinguiendo: Seguridad, Higiene, Ergonomía y Psicosociología
y Medicina del Trabajo.
Prevebción Integral
José Luis Pedragosa Raduá
Ingeniero Industrial.
SEPTIEMBRE 2003